lunes, 22 de mayo de 2017

Alejandro Rozitchner, justificador PRO de Macrilandia.


Así como Alejandro Rozitchner dijo ser "amigo" de Luis Alberto Spinetta, yo fui "amigo" de Alejandro Rozitchner vía Facebook. La amistad no duró demasiado, Rozitchner no soporta el disenso a su universo retórico y, después de algunos intercambios decidí deshacer la amistad virtual. Tal era la inverosimilitud de sus postulados y el voluntarismo mágico de sus propuestas e hipótesis que, a mis intervenciones, no tuvo más ingenio que responder con descalificaciones inargumentadas.

Con la ambición de acercarse al calor del poder, Rozitchner es capaz de decir cualquier cosa para no salirse del aura templada de la estufa PRO. Sus postulados de autoayuda suelen enmarcarse en una huida hacia adelante revestida de innovación que redunda en invenciones justificatorias, deseos y teorías tan voluntaristas como ridículas.

No es más. Sus comentarios tienen la función provocativa y promocional de su propio nombre, repetido por su rechazo pero repetido al fin.

No hay que imaginar lo que este muchacho Rozitchner puede llegar a decir en una entrevista televisiva (donde su ambición de fama multiplica su histrionismo) frente a alguien llamado Sehinkman (el entrevistador) y en un canal de cable perteneciente al diario La Nación. Sí, no falta nada. Dos muchachos de la colectividad judía auspiciados por el diario más conservador y reaccionario del país, cómplice del actual gobierno.

Aquí Rozitchner trató de ignorante, prejuicioso y resentido (su calificación predilecta para quienes tachan sus ideas) al (fallecido) Luis Alberto Spinetta, lo que le valió el rechazo público de un enorme arco de personalidades no sólo de la cultura argentina. ¿El motivo? No se sale de la lógica binaria PRO insuflada desde el departamento de marketing de la marca: Spinetta tocó en la Casa Rosada invitado por Kirchner.



Gustavo Spinetta se encargó de responder (públicamente) en nombre de su hermano:

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