miércoles, 19 de octubre de 2016

La brecha PRO: exclusión y riqueza concentrada.


El. encuentro internacional de empresarios organizado por el ministro Cabrera fue el escenario en el que el Presidente Macri terminó de delinear su modelo de país. Profundiza la transnacionalización de la economía, la concentración de la riqueza e instala definitivamente la brecha PRO: exclusión social, empobrecimiento de la clase media y favoritismo total con grandes multinacionales, el campo y un selecto club de empresarios locales que son socios del gobierno.

El locutor de Metrovías anuncia que la línea B de subtes circula desde 9 de Julio hasta Juan Manuel de Rosas. “Por razones ajenas al servicio”, se ataja desde el parlante. El colectivo 152 llega hasta la avenida de la Rábida y los pasajeros que van desde La Boca a Olivos observan con resignación que el trayecto por Leandro N. Alem incluye un desvío. El Bajo porteño está cambiado. Policías metropolitanos y federales hacen alarde de que están vigilando. Oficinistas, cadetes, profesionales, obreros y estudiantes intentan regresar del trabajo. Algunos saben que en el viejo edificio del Correo Central –el Centro Cultural Kirchner, o “el CCK”, como prefiere llamarlo el nuevo gobierno- se está realizando el Foro de Negocios e Inversiones que Mauricio Macri bautizó “Mini-Davos”. Algunos saben, otros no. Y sin embargo en ese edificio se está diseñando el futuro que el poder económico mundial imagina para la Argentina.

Replicar el foro que todos los años se reúne en la ciudad suiza de Davos en el margen del Río de la Plata implica una apuesta, más allá de las evidentes diferencias de escala. Supone una coreografía pensada para diversos destinatarios: fronteras adentro como señal de inversiones y freno al movimiento obrero, como cabeza de playa para el Cono Sur, y a nivel del G20, como proveedor de materias primas y tomador de deudas. Allí se toman las decisiones. El gobierno de Macri se celebra a sí mismo. Exhibe el apoyo entusiasta y sin pudor con el que cuenta entre el empresariado más concentrado del país –los agronegocios, los bancos, la siderurgia, los principales medios de comunicación, la obra pública y el desarrollo inmobiliario-. Esa imagen intimida, sobre todo a los dirigentes partidarios que conocen el peso del financiamiento privado en las campañas electorales. Y que, además, conocen qué pasa cuando esos actores consideran que un conjunto de ideas deben ser combatidas y –en lo posible- excluidas del sistema político.

Los argentinos que transitan las manzanas aledañas al Mini-Davos suelen convivir con carteles de vía pública y spots de TV de Coca-Cola, Quilmes y Arcor. Vinculadas al consumo masivo, esas compañías contribuyeron con sus fondos para la realización del Foro. También pusieron su parte empresas no tan conocidas, especializadas en la inversión inmobiliaria y shoppings, telecomunicaciones, infraestructura, energía, fundición de acero e insumos para el transporte de gas y petróleo: IRSA, Consultatio, Telefónica, Huawei, Siemens, Pan American Energy, Techint. El aporte económico del Estado, a través de los gobiernos de Nación, provincia de Buenos Aires y CABA –los tres administrados por el macrismo-, fue imprescindible para cubrir el costo del evento: los organizadores lo estimaron de “entre 10 y 15 millones de dólares”, según datos consignados por el diario BAE.

Con todo este despliegue de recursos, apoyos y cobertura favorable garantizada en la mayor parte de los medios, el productor de eventos de origen marroquí Richard Attias –organizador del Foro en Davos, involucrado en los Panamá Papers al igual que Macri- pudo mostrar los resultados de su experiencia en las rondas de negocios. Cumbres empresariales que buscan convencer al resto del planeta sobre las bondades –las ‘ventajas comparativas’- de un país que se pone de moda. ¿El objetivo? Convertirlo en un polo de atracción para las inversiones extranjeras. “Esto es un éxito. Lo vemos por la cantidad de gente convocada y que ha venido. Demuestra el interés del mundo en la Argentina, gracias a la reinserción en el mundo”, evaluó el embajador estadounidense, Noah Mamet, siempre sonriente, desde uno de los salones del CCK.

¿Será tan fácil? ¿Cuál es el precio?

Pliego de condiciones: flexiblización laboral y ley PPP

El entusiasmo de los Estados Unidos en el nuevo rumbo encarado por Argentina tiene varias interpretaciones. Algunos economistas vinculan los cambios de Sudamérica a que la potencia global logró superar la fase de estrangulamiento en su abastecimiento de energía a partir del desarrollo de los combustibles no convencionales. Así logró recuperar competitividad y transferir a los países emergentes la crisis que atravesaba desde la caída del banco Lehman Brothers. El refortalecimiento estadounidense tiene efectos sobre la Argentina.

La oportunidad de negocios que se presenta para EEUU tras el giro político implica aprovechar la rentabilidad extraordinaria de algunos (pocos) rubros que permiten la inversión de corto plazo: minería, complejo agroalimentario y sojero, energía. Como contrapartida, ya que se supone que el comercio bilateral implica un ida y vuelta, Estados Unidos espera anegar el mercado argentino de bienes de capital fabricados en su territorio. Sería otro golpe a la industria. En este escenario hemisférico, con la economía local en recesión y a un año de las elecciones de medio término, el gobierno de Macri se juega a su versión de la cumbre de Davos. Y disimula la transferencia de ingresos tomando deuda y aumentando el déficit fiscal, creando una burbuja amarilla con destino de crisis en el mediano plazo.

“A diferencia de la versión original del Foro, que reúne a toda la riqueza del planeta, la versión argentina insinúa que acá se volverán a ofrecer negocios particulares para tratar de hacerlos pasar por desarrollo económico. Hoy no se están atrayendo inversiones productivas industriales, y es muy difícil que eso suceda cuando hay países como Bangladesh, en los que no existen los sindicatos y el salario es de 67 dólares promedio. Para ese tipo de empresarios, la Argentina es un país todavía muy conflictivo, que todavía tiene salarios muy altos en términos internacionales”, analizó en diálogo con Nuestras Voces el economista y docente universitario Ricardo Aronskind. “Ahora Estados Unidos acaba de anunciar la reapertura del EXIM Bank (banco semiestatal que financia exportaciones) en la Argentina. Nos ofrecen todo el crédito que queramos, al 4% anual, pero para comprar todo lo que queramos de ellos. Y esto se presenta como un gran éxito”, completó Aronskind.

El humor cotidiano, la ironía hasta de los conductores de programas de TV que simpatizan con el macrismo, ya convirtió en un clásico la burla sobre la “lluvia de inversiones”. El mito del segundo semestre. En el escenario del Mini-Davos se prometieron inversiones en infraestructura (Siemens, por 5600 millones de dólares), minería (Pan American Silver, 1000 millones), energía eólica y extracción de crudo y gas no convencional (Dow Chemical, 20.000 millones). Todas las promesas, sin embargo, estuvieron acompañadas de exigencias y recomendaciones para el gobierno y la dirigencia política con peso parlamentario.

“En la medida que Macri convenza a su pueblo, las empresas van a invertir”, sintetizó con crudeza uno de los visitantes, el CEO mundial de Siemens, Joe Kaeser. La empresa ya hizo negocios en el país durante el menemismo y terminó investigada por currupción, tanto a nivel local como internacional, Esa fue la fórmula que encontró para referirse a la preocupación y la incertidumbre que comparten los representantes de las multinacionales sobre la conflictividad creciente y el peso de los sindicatos en la Argentina.

“Está absolutamente claro que el conjunto de inversores que harían inversiones, todos grupos corporativos internacionales, exigen una serie de condiciones, como una mayor flexibilización laboral y la aprobación en el Congreso de una nueva ley de Participación Público Privada, que en caso de aprobarse será la puerta para el ingreso de capitales a sectores dinámicos de la economía, lo cual significa la transferencia de una parte del Estado al sector privado, con concesiones a 50 o 60 años”, evaluó Arnaldo Bocco, economista y ex director del BCRA, ante la consulta de Nuestras Voces. “Está claro que para esas empresas los salarios en la Argentina son muy altos, las regulaciones son muy altas y los trabajadores tienen demasiados derechos”, subrayó.

En una jerga menos técnica, los especialistas sugieren que la asociación público-privada (public private partnership, en inglés) podría implicar una privatización encubierta de activos apetecibles del Estado, como YPF, Aerolíneas Argentinas, los derechos de Fútbol para Todos y AYSA. Las advertencias de los economistas tienen su correlato en la actualidad legislativa. En el Senado está en discusión un proyecto de Ley de Contratos de Participación Público Privada cuyo dictamen de mayoría prevé, en el artículo 8, facultar al Estado nacional para que cree sociedades anónimas que sean compatibles con la participación privada y la creación de fideicomisos.

“El Mini-Davos reflejó que en el bloque hegemónico constituido por grandes empresarios nacionales y extranjeros hay consenso en achicar el Estado, reducir la presión tributaria, bajar el salario y desarrollar núcleos de negocios ligados al sector primario. La exigencia de que se apruebe ley de Participación Pública Privada se explica porque los tipos que vendrían a invertir quieren recuperar rápidamente lo que inviertan. Y eso está asociado a la dificultad de gobernabilidad que observan en Macri”, diagnosticó el economista Roberto Feletti, ex secretario de Política Económica del kirchnerismo, hoy funcionario municipal en La Matanza.

Un nuevo Pacto de Olivos: el país que viene

Esa preocupación por la sustentabilidad de las reformas pro-mercado estuvo en el aire durante todas las jornadas del Mini-Davos. En su participación en el foro, el titular de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, eligió hacerse eco de las dudas. Se arriesgó con un pronóstico. Buscaba tranquilizar al auditorio. “Tienen garantía de confianza porque Mauricio apuesta a la previsibilidad y a las reglas claras de juego. Esperemos que esté ocho años para consolidar su proyecto, pero les aseguro que no hay vuelta atrás. Los próximos presidentes los vieron en este panel: no va a pasar (sic) un presidente que no sea María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Ernesto Sanz y Ramón Mestre. Sé que van a suceder al gobierno de Macri y no van a retroceder en lo que demandan acá, que es seguridad jurídica”, vaticinó.

La certeza que intentaba transmitir Monzó es que el país que deje Macri tras su presidencia –gobierne 4 u 8 años- no será alterado por quien le suceda. “Lo que los representantes del gran empresariado local y extranjero están buscando ahora es la sustentabilidad política del programa económico. La idea es que el sistema político sustente estas medidas y le aporte gobernabilidad. Lamentablemente, entre los empresarios de la Argentina hoy parece haber bastante consenso en torno a las políticas macristas. En otro momento, el peronismo tuvo aliados en el empresariado, hoy eso no se ve. Por otro lado, los sectores populares encabezan una cada vez más fuerte movilización popular. Y va a ser difícil que se les imponga a los trabajadores una reducción del salario, porque a principios de los ’90, cuando llegó Menem, los trabajadores venían con el poder adquisitivo del salario licuado por la hiperinflación”, diferenció Feletti.

“Si el vector de competitividad, durante el kirchnerismo, fue la energía barata, con el macrismo intentan que sea la mano de obra. Recordemos que a Néstor y Cristina el movimiento obrero los acompañó ocho años, y recién hubo un distanciamiento en los últimos tres años. Con Macri todavía no pasó un año de gobierno y ya se enfrenta a un conflicto serio con los sindicatos. El nerviosismo del gobierno explica que esté avanzando hacia un escenario de cercenamiento de los espacios democráticos”, advirtió Feletti en comunicación telefónica con Nuestras Voces.

El mercado es la ley

Cuando concluyó el Foro, los operarios a cargo de la logística y el armado del evento desmontaron del salón principal los paneles azules de la escenografía y los banners, desarmaron la iluminación adicional, retiraron los sillones blancos minimalistas, desconectaron el sistema de audio. La pantalla LED gigante que había funcionado como telón de fondo de las ponencias ya no decía “Establishing the rule of law” (estableciendo el imperio de la ley). Los megamillonarios, los self-made man, los herederos y los CEOs ya estaban viajando a sus países. Los anuncios eran letra de molde en los diarios. La Argentina que se imaginan todos ellos podría parafrasear aquel eslogan en inglés: “Market is the rule of law”. Una consigna imaginaria que impactará de modo muy concreto en la vida cotidiana de todos los pasajeros del subte B, del colectivo 152, o simplemente de quienes caminan por el Bajo frente al ex Correo Central.

Martín Pique, Nuestras Voces.

1 comentario:

  1. ...la puta democracia contemplativa,la que nos va a hundir en la miseria .Si esto se cocina asì y no hay manera de frenarlo hasta ahora...tamo'nl horno...
    Muy triste realmente.No nos merecemos esta tragedia para nuestro pueblo...ni para los pueblos del mundo.

    ResponderEliminar