lunes, 9 de mayo de 2016

Macrilandia: Economía en ruinas.


Un abordaje local, regional e internacional.

Durante el año 2015 la economía creció 2,1% según reconoció recientemente el INDEC de Macri. Este guarismo derriba el discurso, ahora oficialista, acerca de que la economía no había crecido en los últimos cuatro años. Es evidente que dicho incremento fue producto de las políticas activas del Gobierno Nacional y Popular, que incentivo la obra pública y propició el mantenimiento del consumo. En un contexto regional e internacional de recesión o estancamiento, con el PIB de Brasil cayendo 3,8%, Europa creciendo solamente 1,6% y China que dejó atrás las tasas del 10% para crecer al 6,5%, las políticas del gobierno anterior, lejos de ocultar problemas o "distorsiones" como afirman los actuales funcionarios, resultaron oportunas y virtuosas.

Los resultados de no aplicar aquellos instrumentos están a la vista. La megadevaluación de Prat-Gay, en conjunto con la quita de retenciones, los aumentos tarifarios y la decisión de detener la obra pública han llevado la economía a un estancamiento ya reconocido por todos los analistas, en un marco de altísima inflación y, como no puede ser de otra manera en este contexto, un incremento en los niveles de desempleo.

El objetivo de cualquier devaluación es siempre el de modificar los precios relativos. En este caso, al realizarla en conjunto con la quita de retenciones, fundamentalmente al sector agropecuario, propició un estrepitoso aumento de los alimentos. Dado que los sectores de menores ingresos gastan una proporción alta de sus ingresos en esos bienes imprescindibles, este sector de la sociedad resultó el más perjudicado, retrasando su salario real.

En consecuencia, la devaluación fue "exitosa" en términos de los objetivos del gobierno de Macri, retrasando los salarios en tanto componente importante de los costos de las empresas. Menos salario, menos costo, más competitividad, más beneficio.

Más allá de cualquier discusión sobre las formas de medición de la pobreza, resulta obvio que ante semejante incremento de precios la pobreza se ha incrementado notoriamente en cuatro meses de gobierno. En consecuencia queda palmariamente demostrado que el objetivo declamado de pobreza cero no era más que un engaño de campaña, dado que es inconsistente con el modelo liberal.

Durante el mes de marzo pasado el IVA vinculado al mercado interno sólo creció en términos nominales un 23%. Este porcentaje resulta relevante dado que si tenemos en cuenta que en el mismo período la inflación fue superior al 30%, dicho guarismo está indicando una notable baja del consumo privado. Las consecuencias negativas sobre el nivel de empleo, que ya se están sintiendo, no tardarán en agudizarse.

El reducido poder adquisitivo de los trabajadores y de la clase media, junto con el menor gasto de gobierno resienten la demanda interna, en tanto el panorama internacional es desalentador dado que el mundo quiere vendernos productos baratos, no comprarnos. Esta conjunción permite razonablemente avizorar un panorama negativo en el futuro de la economía argentina, a pesar cierto optimismo mediáticamente generado por el acuerdo con los fondos buitres.

El gobierno de Mauricio Macri logra culminar el proceso de pago a los fondos buitres (sólo quedará un 2% de los mismos sin regularizar y habrá que estar atentos a nuevas posibles demandas). Para ello consiguió el apoyo necesario en ambas cámaras del Congreso Nacional para la derogación de las leyes Cerrojo, que prohibía reabrir el canje de la deuda en default, y de Pago Soberano, que posibilitaba realizar las erogaciones en Buenos Aires o en París, reemplazando a la plaza de Nueva York.

Aunque la solución al problema de los holdouts permita la llegada de dólares, la realidad macroeconómica dista mucho de ser la deseada y los problemas de la economía real continuarán.

La inflación volverá a crecer en el mes de abril producto de los nuevos tarifazos (transporte, gas, agua, combustibles), convirtiéndose probablemente en la mayor variación del primer cuatrimestre del año. Esto impactará lamentablemente en una tercera vuelta inflacionaria del resto de los productos y servicios.

Sin embargo, es posible que en materia de precios el grueso de los incrementos se complete en el primer semestre del año, por lo que la inflación, aún manteniéndose en niveles elevados, comenzará un proceso de desaceleración a partir de la segunda mitad del año.

El grave problema es que ello será producto del menor nivel de actividad económica. Las altísimas tasas de interés que convalida el Banco Central (38%) profundizan esta tendencia. Las consecuencias sobre la actividad económica y por ende en el desempleo y pobreza serán muy graves y ya están impactando de manera incipiente en diferentes sectores de actividad. La combinación entre la pérdida de poder adquisitivo del salario, los anuncios de nuevos aumentos de tarifas, los despidos en el sector público y privado, la sustitución (inversa) de producción nacional por mercaderías importadas, los cierres de empresas, las características de las modificaciones al impuesto a las ganancias y la reducción de la actividad en algunas ramas, empiezan a expresarse en conflictividad social y acción sindical.

A las tensiones del clima interno, se suman preocupaciones provenientes de nuestro principal socio comercial, Brasil, no sólo por el pobre desempeño económico sino por el cuadro de inestabilidad política que presenta en la actualidad.

Por otra parte, Estados Unidos gracias a su revolución energética ha incrementado considerablemente su productividad. Este nuevo escenario ha implicado bajas formidables en los precios de los productos transables, tanto los industriales como los agropecuarios. La reciente visita de Obama a nuestro país y sus declaraciones acerca de que esta nueva amistad entre ambos países debe terminar en un tratado de libre comercio se enmarca en la necesidad de la principal economía del mundo de conseguir nuevos mercados para sus productos, que en materia de productividad no tienen competencia.

A su vez, la fragilidad bélica que se registra en múltiples lugares alrededor del mundo tiende a disminuir el flujo de comercio internacional, perjudicando las potenciales ventas de productos y servicios argentinos al exterior.

Esta lucha internacional por los mercados, que a menudo trasmuta en actos bélicos, es la "tercera guerra mundial en cuotas" de la que hace años no viene advirtiendo el Papa Francisco, e impacta plenamente en las condiciones económicas de nuestro país.

En este contexto la Argentina registró un déficit en la balanza comercial de U$S 3.035 millones el año pasado, después de 15 años consecutivos con superávit comercial.

A pesar de llegar a un acuerdo con los holdouts, el agravamiento del déficit fiscal sumado al déficit comercial y la baja actividad económica, generan inconsistencias macroeconómicas que no podrán ser resueltas en el marco del modelo actual, sin un costo social extremadamente alto. Las condiciones externas, sumadas a las complicaciones endógenas del modelo liberal generan sombras sobre el futuro de la economía nacional, no sólo para el corriente año, sino también para los próximos.

Noberto Itzcovich, OETEC.

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