lunes, 25 de abril de 2016

Frente Para la Victoria: Proyecto inconcluso.


La intempestiva muerte de Néstor Kirchner (27.10.2010) pudo haber dejado un proyecto inconcluso. Si bien la temprana desaparición dio un poderoso espaldarazo a la candidatura de su esposa, Cristina Fernández, que ganó las elecciones presidenciales con un 54% de los votos, a la postre la ausencia de Néstor significó una caducidad tan trágica como (ya) nostálgica (?).

Néstor Kirchner tendría hoy 66 años y estaría cumpliendo su segundo mandato presidencial, o bien en la alternancia hubiera habido, al menos, cuatro años más de kirchnerismo (dos mandatos de cada cónyuge), puesto que no hubiera habido rival que venciera al apellido.

Aún hoy, después de cuatro vertiginosos meses de fulminante gobierno neoliberal, la clase política, periodística, sociológica y de investigación no logra consensuar sobre las verdaderas causas de la derrota eleccionaria de 2015 o, dicho de otro modo, no logra aún explicar las causas de la victoria PRO, el primer gobierno expresamente de derecha que llega al poder recolectando votos en la historia argentina.

Múltiples causas, recortes más o menos singulares y sumatorias sociológicas de muy diverso tenor se suceden en ensayos de explicación. No pueden obviarse, según nuestro punto de vista, factores fundamentales como el aparato mediático concentrado, un alto desinterés por la política en Argentina (75%) y, desprendido de este, una cultura democrática muy pobre en un país de tamañas dimensiones.

El hecho fatídico de Néstor Kirchner dio por terminado un proceso de reorganización distributiva y crecimiento económico inédito en la historia argentina. Según puntos de vista de dirigentes actuantes el gobierno Kirchner fue, junto al primer gobierno de Juan Domingo Perón, el único que mandó soberanamente limitando la injerencia del poder multinacional y empresarial argentino.

Ambos períodos, sumamente recordados por la población y denostados por los sectores privilegiados, también son observados analíticamente como incompletos en el sentido de que si bien lograron una reversión positiva en la distribución de la riqueza y la ampliación de derechos, no concluyeron en variaciones estructurales de un sistema que rápidamente pudo devorar sus logros.

Podemos decir, sentados en el bar, en la esquina o en la sala de espera, que la guerra se perdió, que Perón claudicó y que Cristina metió el dedo en la llaga. El asombroso y desmesurado rencor que despertaron y despiertan ambos peronismos sintetizado en frases como “Viva el cáncer” cuando moría Eva Perón o “Yegua ándate con Néstor” dirigida a Cristina Fernández nos trae a Mark Twain: “La historia no se repite pero rima”.

De acuerdo con el “derecho revolucionario” de 1955 (1) el nuevo y provisional presidente, Eduardo Lonardi, gozaba e amplios poderes. El decreto en que se justificaba la autoridad de facto tenía connotaciones providenciales y sostenía que la legalidad del alzamiento había sido determinada por la “intrínseca ilegalidad de los poderes depuestos” y por la expresa voluntad de recuperación jurídica proclamada en el discurso de “asunción”. Así, mientras durase la situación provisional “el titular del Ejecutivo ejercería las facultades legislativas”. (2)



Allí mismo comenzó el vertiginoso proceso de desperonización, exigencia del sector marginado y silenciado en los diez años precedentes que volvía a escena decidido a obtener su reivindicación y a ocupar los espacios de los que se había sentido injustamente desplazado. “Desde el nivel presidencial a los cuadros administrativos, educativos, militares y gremiales, todo, incluido el imaginario colectivo de los vencidos, debía ser depurado… Cambios de nombres de calles y de instituciones, estatuas derrumbadas, parálisis en las obras proyectadas” (3) e incluso el desmonte de los bustos de Perón y Evita situados en el Aconcagua.

Pero la cuestión era Perón. ¿Qué hacer con Perón? Fue la pregunta que el propio General se adelantó en responder hacia un exilio de 18 años.

Hoy, a cuatro meses de finalizado el mandato de Cristina Kirchner, no tenemos la perspectiva necesaria. Sí tenemos un ejemplar y asombroso desmantelamiento de toda la política implementada en la década precedente (2003-2015), un sinigual bombardeo mediático contra su imagen y una extensa lista de citaciones judiciales. “La corrupción fue siempre el argumento desligitimante de los agentes colonialistas en América Latina”.

La inconclusión del irreverente proyecto “Para la Victoria”, la profundidad estructural no tocada, dejó muchos enemigos en armas. El poder judicial es la estructura que más anticuerpos expone a este régimen democrático. Eugenio Zaffaroni se sorprende aún: “no podemos seguir con una Constitución que permite que por una mayoría de 2%, una persona controle los tres poderes”.

En efecto, la inédita victoria democrática de derecha del partido gobernante (PRO) no se inserta en la (clásica) alternancia política sino que la trasciende; la confrontación es entre política y corporaciones, sociedad incluyente y excluyente, colonialismo e independencia.

En este marco, vistas las temerarias y no menos abruptas medidas de gobierno PRO en (sólo) cuatro meses (y con advertencias de gradualismo) llegamos hoy a leer a Paul Singer que, a través de las páginas de The Wall Street Journal, brinda lecciones comerciales a la República Argentina después de llevarse un 1270% de ganancia en sus bonos de deuda comprados en default gracias a la mano tendida del presidente Mauricio Macri que desestimó la aprobación del proyecto presentado por Argentina en la ONU para regular los marcos de reestructuración de deudas externas que obtuvo 136 votos (países) a favor, 6 en contra y 40 abstenciones.

El golpe de Estado perpetrado contra Dilma Rousseff (Brasil), la demonización de Lula, las permanentes desestabilizaciones a Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y Nicolás Maduro (Venezuela), la propia destitución de Lugo (Paraguay) y la victoria de Macri en Argentina en simultáneo responden a un giro latinoamericano que encaja (como apéndice importante) en la geopolítica mundial. Allí, el caso argentino, modelo inédito de negociación de deuda externa, no pasó inadvertido y no llegó a completarse. La jurisprudencia mundial tomó nota, Macri sembró antecedente y Paul Singer lo aclara. Cristina metió el dedo en la llaga. Y ahora…

(1) Revolución Libertadora que depone a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955.
(2) Boletín Oficial, 3 de octubre de 1955.
(3) María Sáenz Quesada, "La Libertadora", Ed. Sudamericana, 2010, pág.86.

Alejandro Carnero

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