martes, 29 de marzo de 2016

Así opera el gobierno PRO en las redes sociales.


Desde las postrimerías de la campaña electoral el macrismo le dio un marcado protagonismo a la operación de redes sociales. Autoreconocido como partido sin historia ni adhesiones de calle, el PRO (y Cambiemos) multiplicó su presencia (fundamentalmente) en Facebook y Twitter. Ahora, pasados los 100 días de gestión y las más antipopulares medidas en catarata (que siguen sucediéndose entre tarifazos y retracción) llevadas a cabo, el protagonismo PRO de red social intenta profundizarse.

Quién comanda esta organización es, lógicamente, el mismo que comanda el grupo de marketing, "los guardianes de la marca PRO": el Jefe de Gabinete Marcos Peña y, un escalón abajo, el Secretario de Comunicación Pública, Jorge Grecco (ex Clarín).

La organización, sostenida con los impuestos estatales, consiste en un equipo de más de 40 jóvenes que trabaja en Casa Rosada con un doble objetivo: influir en las redes sociales y evitar la dependencia de los medios de comunicación tradicionales (ya que, monopólicos, son afines). Su mandamiento es cuidar la imagen del Gobierno y la de Mauricio Macri en particular, a través de la difusión de videos, hashtags y consignas en Facebook, Snapchat, Instagram y Twitter.

OCTAVIO PAULISE, OPERADOR PRO DE TWITTER

Lejos del alcance más limitado que tiene un diario o un programa de política por cable, un post del Presidente en Facebook puede llegar a ser visto por 10 millones de personas. Y a ese recurso institucional se le suma una ayuda subterránea: los llamados trolls y los miniejércitos de usuarios falsos, dedicados a operar sobre la agenda diaria.

Así, si bien la política de medios macrista consiste en desregular y barrer con la democratización que imponía la Ley de Medios –una forma de favorecer a los actores más poderosos–, el plan no se agota en una serie de acuerdos “por arriba”.

Con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, como líder, este grupo de 40 personas (en su mayoría sub-35) coordina el manejo de las cuentas de la Casa Rosada, la de Macri personal y las campañas de políticas públicas. Por debajo de Peña y Grecco, uno de los principales estrategas 2.0 es Guillermo Riera (ex La Nación), actual subsecretario de Vínculo Ciudadano, y también cuentan Julián Gallo y Ernesto Skidelsky, adelantados que se sumergen en la esfera digital para traerle el último Snapchat, la última herramienta mágica para seducir a las nuevas generaciones de votantes. Sin descuidar, por supuesto, su obsesión por influir en el recorte, la visión y hasta los detalles, que los medios tradicionales hacen del Gobierno y en especial de la proyección de Peña como líder nacional (?).

Se trata de una construcción pensada para un mundo de imágenes y frases cortas; por eso se reduce la política a lo mínimo indispensable y se suben fotos y videos con el tercer sector, la sociedad civil, líderes de movimientos homosexuales, científicos, ecologistas, ONG que luchan por causas nobles; todo mechado con alta diplomacia, pero siempre desde el lugar del turista asombrado; lo que se busca, claro, es generar la ilusión de cercanía, yo soy tus ojos, yo soy vos en el poder; un artilugio tan antiguo como eficaz, sólo que ahora el camuflaje del desinterés altruista es digital.

En una oficina con vista a Plaza de Mayo, esta tropa apunta al ideal de la comunicación personalizada: casi un uno a uno; el reverso del mensaje indiferenciado y de trazo grueso que practicaba el kirchnerismo. Para eso, el Gobierno segmenta sus mensajes: por zona, por edad, por género y por intereses, tanto en Facebook como en Twitter o Google.

Los mayores hits de Macri pasan por Facebook en función del promedio de interacciones. En Argentina, donde el 80% de los mayores de 18 años tiene una cuenta, el macrismo avanza a prueba y error: repite lo que funciona y archiva lo que falla. Los mensajes más efectivos son los que muestran a un Macri cálido y familiero, las opiniones políticas en contextos muy específicos y las afirmaciones patrioteras.

Pero el trabajo no termina en la pretensión de instalar temas, hashtags e imágenes sino que incluye el uso de trolls y fakes. En Casa Rosada lo niegan pero confiesan haberlos aprovechado en la campaña contra Daniel Scioli. Ahora, el avance de la tecnología (y de la suspicacia política) permite descubrir operaciones rápidamente. Por eso, antes que por motivos principistas, el Gobierno evita el uso de robots y paga sueldos.

Hace muy poco, después de que el sitio La Política Online denunció (con fotos) que el Ministro Dietrich usa el helicóptero presidencial para aterrizar en su country (u$s 4000 la hora de vuelo) salieron a la luz ataques sobre el sitio desde Octavio Paulise, administrador PRO de una gigantesca granja de usuarios anónimos, camuflados con fotos de figuras populares. El Gobierno relativiza el poder de este personaje y admite que trabaja para la administración porteña de Horacio Rodríguez Larreta, más concretamente en el área de seguridad vial.

La tercera pata de esta puja por conducir el clima de las redes (o al menos por tapar temas incómodos) es más inorgánica. Se trata de personas reales que manejan hasta veinte o treinta cuentas de Twitter: cibermilitantes más o menos vinculados al PRO. “En algunos casos los detectamos y les agradecimos, pero para no quedar pegados les pedimos que no se nos asociaran”, confiesa un funcionario. Así, esta guerrilla virtual va desde la Casa Rosada hasta los microemprendimientos amateurs.

1 comentario:

  1. Porqué no publican los nombres de usuarios de todos los trolls de twitter?

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