domingo, 30 de julio de 2017

El dólar de $16 a $18 en dos meses.


La escalada cambiaria de los últimos dos meses (junio y julio 2017) llevó el dólar de 16 a 18 pesos. El Banco Central no participaba en la plaza hasta que recibió la orden de intervenir cuando el billete llegó a cotizar a $18.

El Central vendió 305 millones de dólares y la cotización del mayorista cerró la semana en nivel récord, por arriba de los 18 pesos, desbordado de los presupuestos proyectados.

La intervención del Banco Central generó una nueva pérdida de reservas internacionales, que en dos meses y medio acumula una baja cercana a los 4000 millones de dólares. Los operadores de la city especulan con que el Central tendrá que hacer mucho esfuerzo para detener la corrida. De hecho la política errática de la autoridad monetaria con las reservas es una de las mayores incertidumbres generadas entre los financistas. 

Gran parte de las divisas del organismo se explican por deudas. En total, las reservas internacionales suman 47 mil millones de dólares, de los cuales 11 mil millones son un préstamo del Banco Central de China, unos 15 mil millones de dólares son encajes de los depósitos de los bancos y otros 16 mil millones son divisas que la entidad le compró al Tesoro en los últimos meses por la emisión de bonos.

Los dólares genuinos y que se encuentran líquidos para salir a venderse en la plaza cambiaria son pocos en comparación con la gran cantidad de pesos especulativos que hay dando vuelta en el mercado.

En el proyecto de Presupuesto presentado el 15 de septiembre de 2016 en la Cámara de Diputados, el Gobierno presentó proyecciones económicas no solo para 2017 sino hasta 2019, último año de mandato de Macri. El equipo económico estima finalizar el mandato con un dólar a $23,53 y una inflación de entre 3,5% y 6,5%.

En el proyecto figura una evolución del tipo de cambio en donde se estima un dólar para el año 2017 a $ 17,92, en 2018 a $ 21,21 y en 2019 a $ 23,53. En cuanto a la inflación se prevé una inflación de entre 12% y 17% en 2017, 8% a 12% en 2018 y para el último año de mandato entre 3,5% y 6,5%.


Decíamos que los dólares genuinos y líquidos para vender en el mercado cambiario son pocos en relación a la gran cantidad de pesos especulativos que flotan en el mismo mercado. En las últimas dos licitaciones de Lebac el Central no pudo renovar 200 mil millones de pesos, equivalente a algo más de 10 mil millones de dólares. Esto pesos a partir de junio sumaron presión en la plaza cambiaria.



Sturzenegger tuvo varias idas y vueltas con el tema de las reservas. Al principio de la gestión afirmaba que no tenía problemas en que sean cero, porque no tenía intención de intervenir en la cotización del dólar. En abril (2017) hubo un cambio de diagnóstico y aseguró que el Central saldría a comprar 15 mil millones de dólares en pocos meses para llevar el stock de divisas de la entidad a niveles similares a los de países desarrollados. Desde que hizo ese anuncio el organismo no sólo no consiguió sumar reservas sino que empezó a perderlas a un ritmo de 2000 millones de dólares mensuales. Los dólares que tiene la entidad bajaron de 52 a 47 mil millones y sólo consigue sumar divisas cuando ingresan los billetes de bonos emitidos por el Tesoro, las provincias o alguna empresa.

El Central no sólo tiene pocas reservas para intervenir y calmar el dólar, sino que en el último año y medio se quedó sin instrumentos para regular el mercado cambiario. La entidad avanzó en tres medidas centrales de desregulación que hoy se vuelven en contra para frenar una corrida. La primera fue eliminar en 2016 los topes a la compra de divisas, que eran de 5 millones mensuales y ahora se permiten compras ilimitadas. La segunda fue autorizar a los grandes fondos de inversión del extranjero a ingresar y retirar capitales de la economía en el día, cuando la regla era que los fondos debían esperar un año para retirarse del país, con la lógica de frenar el ingreso de capitales especulativos. La tercera medida fue el permiso a empresarios del campo para registrar la liquidación de exportaciones en un plazo de 10 años. Esto habilita a los exportadores de soja, trigo y maíz a especular con la cotización.



Un sector público sin capacidad para intervenir y un sector financiero que considera que es momento de retirarse del negocio de la bicicleta es un combo explosivo. Los inversores del mercado interno empezaron a pasar en forma gradual sus activos en pesos a dólares, para protegerse de la volatilidad antes de las elecciones, y los fondos externos, que a partir de 2016 llegaron a la economía para hacer negocios de corto plazo, consideran que es el momento de salir. En los últimos 19 meses se hicieron ganancias fabulosas con activos como las Lebac y el objetivo ahora es realizarlas y pasarlas a dólar.

Los inversores saben que una tasa de interés alta y un tipo de cambio bajo no se puede sostener de forma ilimitada y nadie quiere ser el último en pasarse a moneda extranjera. La situación es aprovechada por el sector agroexportador, que no estaba contento con un dólar a 15 pesos, pero que hasta mitad de este año sabía que no tenía capacidad de presionar por una devaluación mientras ingresaban dólares del exterior para especular con las tasas de interés. Ahora que la tendencia cambió y en lugar de entrar activos financieros empiezan a irse, presionan por un tipo de cambio más elevado. En lo que va del año liquidaron un 11 por ciento menos de cosecha respecto del mismo período del 2016, con una reticencia a liquidar que se potenció desde mediados de junio.

Los funcionarios PRO salen, obedientes, a enfrentar micrófonos respecto de un dólar que no le hace problemas a nadie (salvo a la mayoría de los argentinos que deberán soportar más aumentos de precios debido a la dolarización de las naftas y las tarifas).

Preocupa que el proyecto de presupuesto (dólar a 17.92 para 2017) no se cumpla. De hecho, la inflación pautada para 2017 ya no se cumple. Y preocupa aun más que la única garantía de que estos presupuestos se cumplan según lo pautado, es el proyecto del poder que asalta Argentina de poder acceder a un segundo mandato político del país para terminar de desguazar su Estado y su industria.

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