martes, 16 de mayo de 2017

Economía PRO: Bajo consumo y altas tasas de interés.


En 1936, Keynes explicó en la Teoría General que el nivel del empleo y de la actividad económica depende de la demanda global puesto que los empresarios no producirán si no venden su producción. Pocos economistas niegan esta realidad salvo la ortodoxia impotente para proponer una propuesta alternativa. En el Libro III Keynes enunció que el 80 por ciento de la demanda global estaba constituida por el consumo (74 por ciento hoy en Argentina). Indicó así mismo que el 90 por ciento de los actores económicos que ganan menos, los nueve primeros deciles, gastan la totalidad de su ingreso en consumo para satisfacer sus necesidades mientras que el 10 por ciento que gana más solo gastan una pequeña parte del mismo.

Los cálculos de Simón Kuznets premio Nobel de economía en 1971 en su libro Economic Growth and structure sobre la distribución del ingreso en los años 1930 y Thomas Piketty en El Capitalismo en el siglo XXI en 2013, muestran que esta hipótesis se verifica en todas la economías de mercado y a lo largo del tiempo. La explicación es simple: quienes ganan menos deben utilizar la totalidad de su ingreso en satisfacer sus necesidades vitales mientras que los que ganan más tienen una propensión al consumo más baja y un atesoramiento muy importante, ya que pueden con pequeña parte de sus ingresos consumir todo lo que desean.

En Argentina en el segundo trimestre 2016, según el Indec, el 10 por ciento de los que ganan más obtuvo el 31,3 por ciento del PIB contra 29,7 por ciento en el mismo período de 2015. Vale decir aumentaron sus ingresos de 0,6 por ciento del PIB en un trimestre, pero no lo consumieron en el país sino que lo atesoraron y compraron Lebac o lo enviaron al extranjero. Eso no sirvió para el crecimiento económico.

El análisis de la estructura del gasto en los países desarrollados muestra que, en valor absoluto, el 20 por ciento de los que ganan menos, gastan todo lo que ganan pero su gasto en consumo representa solo un tercio del consumo de los 10 por ciento que ganan más con un ingreso 7 veces superior. Esta misma relación en Argentina es de 15 veces más.

De lo señalado se infiere que cuando más equitativa es la distribución del ingreso mayor será el consumo con un PIB equivalente y que, a la inversa, un incremento de los ingresos del sector más acaudalado implicará una caída del consumo global. Es por esto que el consumo tiene un rol central ya que es la componente más importante de la demanda global. Como el consumo de los 10 por ciento más ricos, que están rechonchos, representa 20 por ciento del consumo total y el consumo de los 90 por ciento más pobres el 80 por ciento, entonces una caída del consumo de estos últimos se traducirá en na baja del consumo total.

El consumo puede disminuir por al menos tres razones a) porque se produce una crisis, b) porque con un ingreso global constante la distribución del ingreso es modificada a favor de los sectores que ganan más, y c) porque los precios de los bienes primarios aumentan más que el salario real.

La primera causa es la más evidente y remite a la Argentina de 2001. En ese momento todas las componentes de la demanda global disminuyeron, el consumo incluido, debido al corralito vale decir la ruptura de la cadena de pagos.

La segunda causa se produce cuando un cambio en la distribución del ingreso favorece a los sectores más acaudalados como hemos señalado más arriba y su impacto será más severo cuando hay recesión. Es el caso en la situación actual en Argentina donde los agentes económicos más ricos –el 10 por ciento que gana más– incrementan su ingreso vía la especulación financiera o la disminución de las retenciones y la devaluación, y el 90 por ciento restante se empobrece. Como el nivel global del consumo esta determinado por este ultimo sector, que gasta todo lo que gana, entonces el consumo baja.

La tercera causa de la caída del consumo es la resultante de un aumento de los precios que produce un cambio en sus componentes. El comportamiento del consumidor ha sido estudiado detalladamente por la teoría ortodoxa. Según la llamada Ley de Engel, enunciada por un economista alemán del siglo XIX, el consumidor trata de satisfacer en primer lugar sus necesidades en bienes primarios, alimentación, indumentaria, salud, alojamiento y servicios básicos, agua, electricidad, transportes. Si su ingreso aumenta adquirirá otros bienes, llamados superiores, artefactos para el hogar, automotores y más tarde bienes culturales, cine, vacaciones. La composición de la canasta del consumidor va a depender del precio de cada uno de sus componentes. Consumirá margarina cuando su ingreso es bajo pero si este aumenta comprará manteca un bien substituto superior. Vale decir que su consumo dependerá de su ingreso y también del precio de los distintos bienes: de los precios relativos. En nuestro ejemplo si antes compraba manteca pero después de la caída del ingreso debe gastar más en gas, porque aumentaron las tarifas, dejará de comprar manteca y volverá a comprar margarina. Si, además, su ingreso real disminuye por que su salario nominal se incrementa menos que los precios, entonces no solo dejará de comparar manteca pero comprará menos margarina que antes o dejará de consumir algunos bienes no esenciales para su supervivencia inmediata. Vale decir que el consumo no solo disminuirá debido a la caída del salario real sino que su estructura cambiará por el cambio de la estructura de los precios. Gastará menos en zapatos porque el gas cuesta más caro. Y esto tiene un impacto en el ingreso de los empresarios los que venden gas aumentaran sus ingresos y los productores de zapatos disminuirán los suyos.

En la política económica, la “variable de impulso” es el presupuesto nacional. El Estado debe dar una clara indicación a los agentes económicos sobre sus intenciones. No se trata de declaraciones imprecisas o difusas sino de hechos. El Estado puede aumentar los subsidios y ayudas de los ganan menos o disminuyendo los impuestos de los salarios más bajos o los impuestos indirectos. Esas medidas permiten de incrementar el poder de compra y por ende el consumo puesto que los que ganan menos gastan todo el incremento del ingreso lo cual no es caso de los que ganan más que van a atesorar una parte o la totalidad del aumento del ingreso. Un aumento del ingreso de los 80 por ciento que ganan menos será la “variable de propagación” que provoca un incremento del gasto en consumo lo cual implica un aumento de la demanda y por ende un crecimiento del ingreso global, el PIB. En el caso argentino el nuevo gobierno disminuyó la parte del ingreso del 80 por ciento de los que ganan menos lo cual redujo el consumo, la demanda y el PIB.

Pero el consumo para los economistas son bienes producidos por la combinación de capital y trabajo cuyo objetivo es la satisfacción de necesidades. Lo importante de esta variable es el uso del trabajo y del capital que de otra manera serían derrochados ya que no serían utilizados.

En una reciente entrevista el Presidente Macri consideró que no existía la posibilidad de incrementar el consumo salvo si se reiteraran lo que consideró errores del pasado. Su política de reducir el consumo, la fiesta populista, o la restricción de del gasto público, el despilfarro en “planes”, así como fijar la tasa de interés a niveles desmedidos provocó la recesión más importante desde el 2002. Pero, como señala Keynes en Libro III de la Teoría General, “más seremos ascetas, más resueltamente seremos ecónomos, más obstinadamente seremos ortodoxos en la gestión de las finanzas publicas y más nuestros ingresos deberán disminuir cuando la tasa de interés se eleva de manera desmesurada”.

Bruno Susani, Doctor en Ciencias Económicas Université de Paris. Autor de “El Peronismo de Perón a Kirchner” Ed. de L’Harmattan, Paris 2014. Editado en castellano por Ed. de la Universidad de Lanús, 2015.

No hay comentarios:

Publicar un comentario