viernes, 23 de septiembre de 2016

Fuerte caída del consumo y la producción.


A pesar de los reiterados anuncios del gobierno de dar soluciones a la crisis, se agrava la situación en el sector agropecuario y las economías regionales. Un nuevo informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) alerta sobre la dificultad de estas economías para mantener los niveles de venta y producción. Con costos cada vez más altos, producto de la devaluación y la quita de retenciones, baja la productividad del sector y cae el consumo de alimentos.

En medio de manifestaciones y reclamos de pequeños agricultores el gobierno se reunió esta semana con la Federación Agraria Argentina (FAA) que le demandó medidas especiales para afrontar la crisis del sector. En la reunión que los integrantes de la FAA mantuvieron con el Presidente Mauricio Macri, y el ministro de Agroindustria Ricardo Buryaille, demandaron la instrumentación de políticas impositivas diferenciadas para los pequeños productores. Omar Príncipe, presidente de FAA, afirmó que “uno de los temas más importantes que tiene el sector hoy son los problemas de la comercialización y la distorsión de precio que hay del productor a la góndola”.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, luego de su disertación en el Foro de Inversiones y Negocios, declaró que “no hay dudas de que el sector agropecuario y las economías regionales están mucho mejor que hace un año”. Sin embargo, un informe de septiembre del Centro de Economía Política de Argentina (CEPA), desmiente estas afirmaciones y sostiene que la liberalización de las exportaciones y la devaluación no mejoraron la “competitividad” del sector. Incluso varios sectores de las economías regionales se vieron afectados por estas medidas que implicaron un aumento de los costos en dólares junto a una caída del consumo interno y/o exportaciones.

CEPA afirma que la “liberalización” de las exportaciones y la devaluación no mejoraron la competitividad del sector. Los pequeños productores fueron los más afectados.

En el mismo estudio, CEPA detalla las “serias dificultades experimentadas desde diciembre para mantener los niveles productivos y las ventas, siendo los principales afectados los productores más pequeños y con menor capacidad de negociación frente a intermediarios y grandes exportadores”.

Desde CEPA señalan que el consumo interno de vino cayó un 11,4 % en los últimos 7 meses y la cosecha de uva del 2016 es la más baja en 10 años. Además, preocupa la creciente llegada de peras y manzanas importadas. En los sectores lácteos, porcino, avícola y citrícola –señalan desde CEPA– aumentaron los costos de producción luego de la devaluación y la quita de retenciones. También advierten sobre la caída de consumo para los pollos y pronostican que aumentará el precio de la yerba en góndola.

El informe analiza la situación de siete complejos productivos: el yerbatero de Misiones y Corrientes, el vitivinícola en la región de Cuyo, la producción de peras y manzanas en el Valle de Río Negro, el lácteo, el porcino, el avícola y el citrícola.

Complejo yerbatero (Misiones y Corrientes)

El sector yerbatero está conformado por casi 18.000 productores de los cuales 13.500 tienen entre 0 y 10 hectáreas, 239 establecimientos secaderos y 132 molinos. Sin embargo, la comercialización está oligopolizada. CEPA indica que tan sólo una docena de empresas se distribuyen cerca del 90% del mercado.

Durante los meses de abril y junio de este año, los productores efectuaron medidas de fuerza en reclamo de: “la falta de precio sostén, la operatoria en negro, el incumplimiento de los precios y la dilación en los pagos, de hasta 180 días”.

El Estado, a través de la resolución 72/16, había fijado el precio estipulado de hoja verde para el período abril-septiembre 2016 en $4,803 el kg (12,4% de aumento) y $18,03 el kg de hoja canchada. Sin embargo, desde el Instituto Nacional de Yerba Mate (INYM) plantearon desde un inicio que, de acuerdo a sus estudios, la estructura de costos sólo se sostenía con un importe superior a los $5 por kilo de hoja verde. De esta forma, advertían desde el INYM, los pequeños productores yerbateros no lograrían cubrir sus costos. Para agravar la situación, los precios de góndola aumentarían 4% por encima del incremento pagado a los productores.

Tabla N° 1: precios de materia prima y precio de góndola


Como si fuera poco, los precios estipulados recientemente por el Directorio del INYM para el período octubre 2016- marzo 2017, vuelven a desoír a los pequeños productores y hasta a los propios técnicos del instituto que habían planteado que el kilo de hoja verde debería venderse en $6,20. Muy por debajo de esa cifra, se “fijó en $5,10 el kilo de la hoja verde y de $19,20 para la yerba canchada”.

Jorge Botiuk, presidente de la delegación Misiones de la Federación Agraria Argentina (FAA) dijo estar en total desacuerdo con los precios y advirtió que habría reuniones entre miembros de la federación para organizar qué medidas tomarán. “Propusimos una reunión urgente con todas las asociaciones para pedir explicaciones a los directores del INYM. Queremos que nos digan por qué fijaron ese precio cuando la mayoría de las asociaciones no estaba de acuerdo”. “No se respetó siquiera la estructura de costos de producción (mano de obra, fertilizantes y combustible) realizada por los técnicos del INYM”, señalan desde la FAA.

Desde CEPA advierten que la yerba mate incrementará su precio final en góndola con un fuerte impacto en la economía por tratarse de un producto de consumo masivo.

Desde CEPA concluyen que “habiendo neutralizado Cambiemos la tarea de precio de referencia de ‘precios cuidados’, otro elemento importante es el efecto traslado en la cadena de distribución y comercialización del nuevo precio de la hoja verde, cuyo desenlace no será otro que el incremento del precio final de la yerba mate en góndola con fuerte impacto económico por tratarse de un producto de consumo masivo”.

Complejo vitivinícola (Cuyo)

El consumo interno de vino experimentó una caída del 11,4% acumulado en los primeros siete meses del año. Las exportaciones, lejos de mejorar por la política devaluatoria, cayeron 10,8% en comparación con el mismo período de 2015. Esto se explica porque las mismas dependen más de la “demanda extranjera y de estrategias de penetración en los mercados externos” que del tipo de cambio.

Gráfico 1. Despachos al consumo interno desde Enero 2015 a Julio 2016 (en hectolitros).


La cosecha de uva del 2016 es la más baja en diez años. Se han cosechado 17.444.977 quintales contra 24.155.712 en 2015, lo que implica una caída del 27,8%. Esta situación pone en jaque a los pequeños productores que se ven casi obligados a vender su producción a precios que no pueden cubrir sus costos, mientras que los grandes tienen más espaldas, más acceso al crédito y se balancean mejor.

Desde CEPA señalan que “la rentabilidad de los productores es negativa en $4.427,60 por hectárea en el modelo que no posee caída de producción, y de $13.007,60 en el caso de una merma de 27% en la cosecha”, y advierten que esta situación, de no ser atendida en el corto plazo, podría “generar quebrantos” que elevarían –aún más– los niveles de concentración en la tenencia y/o producción de viñedos.

Peras y manzanas (Valle de Río Negro)

La situación que viven los productores de peras y manzanas alcanzó gran visibilidad cuando, hace algunas semanas, expusieron sus reclamos y demandas en plaza de mayo en lo que se conoció como #frutazo. La realidad es que el sector atraviesa un momento crítico ya que, contrariamente a lo que planificó el gobierno, la devaluación de diciembre y la liberalización de las exportaciones no dinamizaron al sector. Tanto Brasil como Rusia –principales compradores de Argentina- redujeron abruptamente su demanda: “Las exportaciones a Rusia en el primer semestre experimentaron una merma de 54,8% respecto de 2015” mientras que las exportaciones “a Brasil mostraron una contracción de 15,76%”.

Gráfico 2. Exportaciones Peras y Manzanas. 1° Semestre 2014, 2015 y 2016


Ante este nuevo escenario, los productores le reclaman al oficialismo un plan B que, hasta el momento, no aparece.

Además, pese a que hasta el momento no son cantidades significativas, preocupa la creciente llegada de peras y manzanas importadas. Como indica CEPA “si bien los montos son reducidos, su crecimiento no es menos preocupante dado el serio problema que yace en la debilidad de la demanda externa e interna. En el primer semestre del 2016 se importaron 157 toneladas de peras y manzanas contra 23 de igual período de 2015. Esto implica un crecimiento del 582%.”

En sintonía con los reclamos que el pasado miércoles se escucharon en el #verdurazo realizado por la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), los productores de fruta de pepita también experimentan las problemáticas de un sector fuertemente concentrado. CEPA señala que “los productores de frutas de pepita que poseen hasta 50 hectáreas representan 95,2% de la cantidad total de productores, pero sólo concentran 55,9% de la superficie declarada. Mientras que los productores de más de 50 ha representan 4,8% en cantidad y concentran 44,1% de la superficie declarada”. Esta situación profundizó durante el primer semestre los incrementos de las brechas entre los precios pagados a los productores y los precios de góndola. En noviembre de 2015 el precio de la manzana en góndola era 1,76 veces el precio pagado al productor. En cambio, en julio de este año es 2,56 veces.

Complejo lácteo

Desde los primeros meses del 2014, cuando comenzó la crisis láctea mundial, el precio internacional de leche en polvo –principal productor lácteo de exportación argentino– ha descendido un 58%. Las fuertes lluvias que sufrieron las cuencas lecheras de Entre Ríos, Sur y Centro de Santa Fe, Noreste de Córdoba y Villa María, no hicieron más que agravar la situación, generando así la menor producción en los últimos cuatro años.

Gráfico 3. Producción primaria de leche 2013-2016 (en miles de litros) – Comparación primeros siete meses 2013/2016


A partir de febrero de este año, se modificó el régimen de compensaciones que en el 2015 alcanzaba a los pequeños productores. La diferencia entre la política de compensaciones implementada durante el kirchnerismo y la actual es que ahora “se extiende el subsidio a $0,40 por litro de leche por los primeros 3.000 litros a todos los productores, sin discriminar por su escala de producción, cantidad de vacas o extensión de la unidad productiva. Sin incentivar la producción, esta compensación habilita la transferencia de recursos a grandes productores, quienes obtienen una mayor participación sobre el total de subsidios otorgados al sector.” De esta forma, se favorece el proceso de concentración en la producción primaria de leche.

Orlando Marino, de la FAA, denuncia que “la plata que nos falta a los productores está en la cadena”. En el mismo sentido, Juan Manuel Otero de la Agrupación de Tamberos Argentinos destacó que “hay sachets de leche descremada que se cobran entre $14 y $15 cuyo costo para la empresa que los produce es de $2”.

El informe de CEPA también resalta que la devaluación generó un importante aumento de los costos para los productores del sector lácteo y que los aumentos en los precios que ellos cobran no han acompañado ese margen de incremento. El maíz, utilizado para alimentar al ganado, es el insumo que más aumentó y parece ser que la única estrategia del Gobierno será esperar por la vasta cosecha de los EE.UU., que haría descender el precio internacional del maíz.

Complejo porcino

Algo muy similar sucedió con el complejo porcino: la devaluación aumentó los costos y la quita de retenciones al maíz potenció los incrementos. De la misma forma que con el sector lácteo, la estrategia oficial parece ser no intervenir y aguardar porque la cosecha de maíz estadounidense haga descender el precio internacional de este insumo.

El consumo de carne porcina en el país viene experimentando una suba constante desde hace casi 15 años. Tal es así que, a nivel per cápita, el consumo estuvo cerca de triplicarse del 2002 a esta parte. A la par que aumentó la demanda interna, creció también la producción en el país, por lo que se redujeron las importaciones y se llegó a poder abastecer el mercado interno con producción local. Sin embargo, a partir de este año la tendencia cambió y en los últimos meses ha habido un aumento significativo de las importaciones provenientes de Dinamarca, Brasil y España.

Complejo avícola

El consumo de pollo ha venido creciendo desde el 2002, pasando de 18kg por habitante por año (promedio) a 43kg por habitante por año en 2015. Sin embargo, en lo que va del 2016 el consumo de carne avícola ha caído 7%, ubicándose en 40kg por habitante por año.

Pero la caída del consumo no es la única preocupación para los criadores de pollos. Ellos también sufrieron importantes aumentos en sus costos producto de la devaluación: “el problema hoy es que hay insumos que deben pagar para mantener la granja que están en dólares y provienen de Brasil y de Holanda. Se trata de calefactores, comederos, bebederos y cortinas”.

El precio del maíz, fundamental para esta industria, también reflejó el impacto devaluatorio y de la quita de retenciones incrementando su valor un 125%. Al mismo tiempo, el precio del kilo de pollo subió apenas 18%.

Como consecuencia de la caída del consumo interno y del aumento del maíz y de los costos en general, la producción de carne aviar disminuyó 7,5% durante el primer semestre del año, comparándolo con el mismo período del año 2015 “totalizando 917mil toneladas versus las 991mil toneladas en 2015”.

Gráfico 4. Faena de pollos por provincia (millones de toneladas)


Sector citrícola

El sector de los cítrus es una de las tantas producciones regionales que sigue con la tendencia importadora, que aumentó en un 660 por ciento al comparar el primer semestre de 2016 con el mismo período de 2015, mientras que las exportaciones registraron un aumento ligeramente superior entre años, al incrementarse en apenas un 0,72 por ciento, señala el informe del CEPA.

Reclaman un plan b

Los productores lácteos, de frutas, de verduras, de flores y de hortalizas se manifestaron frente a la Casa Rosada en los últimos meses. Sus pedidos son numerosos y heterogéneos pero conservan un punto en común: lo que están diciendo al manifestarse es que el “plan A” del gobierno no funcionó. Restará ver si en el oficialismo escuchan, aceptan el error y plantean nuevas medidas o conservan el espíritu del ministro de agroindustria, Ricardo Buryaile, quien esta semana ninguneó el reclamo de los trabajadores rurales que se manifestaron en la plaza de mayo.

Martín Sosa, NuestrasVoces.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario