viernes, 29 de julio de 2016

Prat Gay sigue aumentando la deuda externa en forma encubierta.


Tras tomar  u$s16.500 millones para el pago a los buitres (holdouts) el 18 de abril (2016), el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, prometió que en 2016 no iba a tomar más deuda externa. Sin embargo, dos meses después, el 30 de junio, emitió otros u$s 2.700 millones esgrimiendo que era para recomprar los cupones atados al PBI -GDP Warrant- que se emitieron los años 2005 y 2010 con las restructuraciones del default y que eventualmente se pagarían en el 2018. El argumento era que cambiarían esta deuda vieja, por deuda nueva y más barata, en un poco usual ejercicio de anticipación de riesgo futuros.

Según Prat Gay, al comprarles a los “hold-in” los cupones atados a la evolución del PBI que les dieron cuando entraron en la reestructuración, el Estado se ahorraría u$s 9.400 millones. Es que estos cupones obligan al Tesoro a pagarles a los bonistas hasta el año 2035 el 5% de una cantidad de dinero que se calcula en función del crecimiento del producto bruto interno (PBI) de cada año, siempre y cuando este supere un 3%, algo que todavía no esta para nada claro que vaya a ocurrir el año próximo.

El instrumento que usarían para la recompra es un “collar”, una estructura financiera que le ofrece al dueño del cupón la opción de reducir la volatilidad de su cotización, o sea, venderlo a $10, cuando en el mercado cotice más barato y a recomprarlo a $11,75 cuando el precio de mercado esté por encima.

Sin embargo, el “collar” quedó solo en un anuncio y el Gobierno no recompró un solo cupón. Mientras tanto, cobró los 2.700 millones de dólares y ya se gastó la cuarta parte.
Para poder comprarlo a $10, el Gobierno salió a buscar 5.000 millones de dólares al mercado internacional y solo colocó poco más de la mitad. La emisión se hizo bajo ley Nueva York en dos tramos con la asistencia de cuatro bancos colocadores: Merrill Lynch, Credit Suisse, Deutsche Bank y Morgan Stanley. El primero a 2028 por 1.000 millones de dólares al 6,625% anual y el segundo a 2036 por los restantes 1.750 millones al 7,125%.

Sin embargo, el “collar” quedó solo en un anuncio y el Gobierno no recompró un solo cupón. Mientras tanto, cobró los u$s 2.700 millones y ya se gastó la cuarta parte (unos u$s 655 millones). Es que los números de 2016 no cierran y Prat Gay necesita fondos con los que llegar hasta el blanqueo, confirma una fuente de Hacienda.

En el mercado local fue vista como una medida a tiempo. Tan solo 24 horas antes de conocerse la revisión de la serie del PBI que hizo el nuevo Indec, el Gobierno anunció que sacaría estos “collar” para la recompra de los cupones. Así, si se abría lugar a reclamos de parte de los tenedores de los cupones PBI, el Tesoro se adelantaba a la compra y generaba garantías para que el precio de estos cupones no se desplomara. Es que con la revisión, el crecimiento entre 2004 y 2015 había sido del 48,6% y no del 66,5% como decía el Indec kirchnerista.

Sin embargo, desde Wall Street no lo vieron igual. Saben que la posibilidad de cobrarle juicio a un Estado soberano por este tipo de cupones es nula. Por eso, los inversores internacionales consideraron que se trató de una movida para tomar más deuda externa “en secreto”, con una maniobra poco transparente, que nada tiene que ver con ahorrarse un posible reclamo judicial, sino con agarrar plata fresca pese a que el Gobierno se había comprometido tan solo dos meses atrás a no tomar más deuda externa.

El hecho de que Argentina aumente su deuda soberana de forma encubierta al poco tiempo de haberse comprometido a no hacerlo le resta credibilidad al país y disminuye el valor de mercado de la deuda argentina para los acreedores, dijeron varios analistas. Lo que sobrevuela es lo obvio: La administración de Macri tiene un problema serio de défict y el finaciamiento del 2016 todavía no está cerrado.

“Es una idea noble en el sentido de que no están emitiendo nueva deuda neta (sino recomprando deuda vieja) pero contradice las aseveraciones audaces de no colocar nuevos títulos de deuda en el mercado”, dijo Alejo Czerwonko, el economista de mercados emergente de USB Wealth Managment a Reuters.

“Que la plata la tomaron y se la están gastando, se ve en las reservas del Banco Central. Pero eso no quiere decir que no vayan a sacar ese ‘collar’ más adelante y pagarlo con plata de otro lado”, sostuvieron el Wall Street.

“Fue un anuncio con doble truco; primero, porque pusieron la opción de ‘put’ a $10, ligeramente por debajo del precio de mercado para asegurarse quedar bien y hacer parecer que están ahorrando plata, pero no es tan así. Ellos sabían que el crecimiento del PBI iba a dar más bajo. Y segundo, porque solo ellos tienen idea de cuál va a ser el año que utilicen para hacer el empalme de la serie del PBI para calcular el PBI del año base”, explicó un analista de Wall Street.

Otro analista local consideró que el precio del cupón va a seguir al alza por lo que no conviene vender los cupones si se espera que el PBI crezca en 2017 y 2018. Por lo que, no anticipa que haya muchos interesados en vender estos cupones a ese precio. Por el contrario, consideró que precisamente por eso Prat Gay eligió poner esos precios, para quedarse con los 2.700 millones de dólares sin que hasta el año 2018, después de haber cobrado los cupones, los dueños de los cupones se los quieran vender. De esta manera, la nueva emisión no sería un cambio de deuda vieja por deuda nueva, sino simplemente más deuda externa.

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