domingo, 17 de julio de 2016

Macri en la Bolsa de Comercio: "Ya no vamos a tener que escondernos".


Decretar tarifazos inéditos, mágicos, exhorbitantes, mal calculados y aplicarlos al gas cuando empieza el invierno no fue un error, fue un acto de desprecio. En general las medidas de este gobierno impactan así en la piel de la gente. Sobre los derechos humanos acumula varias, como cuando Macri dijo que iba a acabar con el curro de los derechos humanos o cuando el minúsculo ex secretario de Cultura de la CABA dijo que la cifra de los 30 mil desaparecidos había sido inventada para cobrar indemnizaciones. El ministro de Hacienda pidió perdón por la nacionalización de YPF a empresarios españoles que están presos en España y que vaciaron la petrolera. Pero allí lo superó el mismo presidente al intentar meterse en la cabeza de los próceres y decir que seguramente “sintieron angustia por España” al liberarse de ella. 

En lo social es una atrás de otra. “Si andás en pata y en camiseta en invierno, quiere decir que estás derrochando” fue la más reciente de Macri, o sea, sólo los ricos como él pueden andar en patas y en camiseta en invierno. Pero antes habían dicho que el kirchnerismo engañó a los “empleados de nivel medio” al hacerles creer que con su salario podían comprar “un plasma, un celular y viajar al exterior”. De ese tono hubo de sobra, alguno de la vicepresidenta Gabriela Michetti. Y el miércoles en la Bolsa de Buenos Aires, Macri se incluyó entre los que negrean plata. “Ya no vamos a tener que escondernos” dijo, suelto de cuerpo, para explicar las bondades del blanqueo que propicia. Es impúdico que lo diga un presidente que tiene empresas offshore, de las que se usan para “esconderse”, evadir y negrear.

No son declaraciones habituales en la política. No las diría un gobierno radical o peronista de derecha. No están tamizadas por la política, se expresan como una derecha militante aunque está dicho con la parsimonia de abuelito conservador. Sin filtro, sin vergüenza, sin sensibilidad.

No son furcios, hablan así porque piensan así y no se dan cuenta de la violencia que transmiten, o se dan cuenta y no les importa. Cualquiera de las dos. Esas expresiones tienen una fuerte coherencia interna. Y su gozosa exposición pública tiene un motivo.

Macri ha sido aún más expresivo en las exposiciones que realizó ante empresarios extranjeros durante su reciente gira por Europa y Estados Unidos. Se presenta como el Fidel de la derecha. Y su discurso, reivindicador de algunos clásicos que la derecha prefiere ocultar en todo el mundo, es una forma de mostrarse como el caudillo que derrotó al populismo sin ocultarse. Su victoria es la de una derecha que no tiene vergüenza y que gana votos. Una derecha que puede hablar de ajuste, despido, tarifazo, austeridad, autoridad y ganarle en las elecciones a gobiernos que promovieron medidas “populistas”. Macri se presenta como líder de una revolución restauradora derechista que puede llevar esperanza también a otras geografías. “Se puede derrotar al populismo”, agita. Por eso reclama a los grandes empresarios y financistas del mundo que lo apoyen.

En esas declaraciones rigurosamente clasistas se compagina el relato épico de Macri y su gobierno. Es el relato del dirigente que sacó a la derecha del clóset de barrios ricos y la hizo tan popular como una rockstar. Si no se cuenta al fascismo y al nazismo, la derecha no ha tenido un relato épico. Macri siente que ahora lo encarna en plenitud con la derrota que le infirió al kirchnerismo en las urnas y con esa seguidilla de formulaciones provocativas que buscan profundizar la hegemonía ideológica abiertamente de derecha.

Es una apuesta difícil. Un sector de la derecha en Argentina tiene esa vocación extremista. En su versión autoritaria, la dictadura de Videla innovó con su estrategia masiva de secuestro-tortura-desaparición que aplicó en forma masiva. En su versión democrática, el macrismo busca su consolidación con un discurso clasista que la derecha de todo el mundo evita y que en Argentina siempre tuvo que travestirse como una parte del radicalismo o del peronismo. No es una exageración: en el desfile del bicentenario confluyeron esas dos caras de la derecha franca: el gobierno de Macri y los que todavía reivindican a la dictadura. Escuchar las declaraciones de algunos de los que desfilaron o asistieron al desfile producía escalofríos. Y Macri consagró esa confluencia por la “reconciliación” nacional.

El escalofriante y (a la vez) pobre discurso de Macri en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (en festejo de su 162° aniversario) es una de las muestras más patéticas, impúdicas y cínicas de este momento argentino, llamado por el mismo Macri "otra época"...

Así abrió su alocución Macri (23:53 del vídeo) después de ser aplaudido de pie y de reconocer el gesto con una sonrisa genuina:

"...han cambiado muchas cosas, claramente estamos en otro tiempo, otra época, una época de cambio, una época de cambio que nos ha dado no sólo un nuevo horizonte, una energía vital, un entusiasmo..."

Aquí Macri no sólo habla "siempre" de "nosotros" y no de "ustedes los argentinos" reconociéndose como miembro y paladín blanqueador de la clase cosmopolíta empresarial. Nótese (vídeo) el semblante y el discurso de Macri cuando habla a la prensa (cómplice) sobre la evasión fiscal.



Ahora miren el semblante y el discurso de Macri hablando de la evasión fiscal (propia y de clase) en la Bolsa de Comercio. En el próximo video, hacia 36:37:



 "...Pero también les quiero hablar hoy de algo que tiene que ver con este nuevo punto de partida, que es la ley de responsabilidad fiscal. 

Yo creo que tenemos que ser todos parte de este momento, tenemos que sentirnos protagonistas, tenemos que sentirnos, como dijo Adelmo, que todos ponemos el hombro y que todos sinceramos nuestra situación, porque lo que hemos entendido es que el Estado tiene que estar al servicio de la gente, no de la política, que el Estado tiene que estar al servicio y respetar las leyes, con lo cuál ya no más vamos a tener que protegernos ni escondernos".

No hay dudas de que Macri blanquea la pretensión de imponer su verdad (y la verdad de su clase empresarial cosmopolita) de que la evasión impositiva no es un delito sino un derecho de clase (que excede, incluso, a los Estados nacionales). Es escalofriante, Macri dice (27:10):

" ...confirmando este nivel de maduración adquirido como sociedad, de entender, finalmente, qué es lo que significa ser independiente. No es que el país es independiente, o el Estado, es que cada uno de nosotros (y se señala el pecho) tiene que asumir ese rol de ciudadano independiente".

El país y el Estado son accidentes (geográficos o institucionales) en nuestro camino, son escollos que deben sortearse, como incluso la política. Y para sortearlos lo primero necesario es salir del escondite o de la ilegalidad. Para eso es que se toma el Estado y se legisla en este sentido: ley de blanqueo de capitales (denominada ley de responsabilidad fiscal). Macri transmite que el Estado ya no es escollo, que el Estado es administrado por él y que necesita lo acompañen para empezar y "luchar" por implantar y establecer este histórico "punto de partida"esta "nueva época", esta cruzada de hacer negocios libremente por el mundo. Macri habla a sus pares de "asumir" y "sentir" protagonismo: salgan del placard, el mundo se mueve por nosotros, no debemos escondernos, somos protagonistas, LOS protagonistas.

Y esta es la última oportunidad, ¿no es cierto Alberto?... miren que sino Alberto los va a encontrar..."

Macri bromea en su ámbito ante una platea de empresarios que no termina de creer en la viabilidad de su cruzada. El pobre Mauricio queda sólo, incomprendido en su discurso de coraje y avanzada. No es suficiente aún, para el auditorio empresarial, la demostración fáctica de que es posible tomar la administración del club de fútbol más popular del país (Boca Júniors), ni la administración de la propia ciudad capital del país (Buenos Aires), ni la propia administración del Estado (Argentina). 

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