jueves, 5 de mayo de 2016

Córdoba: la venta de carne cae 18%.


La Córdoba del insólito y llamativo 70% (de votos macristas) está cambiando sus hábitos alimentarios. En efecto, la suba constante en los precios de los alimentos ya está teniendo un impacto notorio en la dieta de los cordobeses. Según un relevamiento realizado en 650 comercios de la capital y el interior, hubo una fuerte caída en el consumo de carne, frutas y verduras y se reemplazó por pastas, papas y pan, cuyo valor proteico es considerablemente menor y tiende a provocar sobrepeso y una alimentación más deficiente.

Las diferencias entre abril del año pasado y el mismo mes de 2016 son profundas. Los datos surgen del informe estadístico del Centro de Almaceneros, autoservicios y comerciantes minoristas de Córdoba, que relevó los precios y el comportamiento de los consumidores en 470 almacenes y autoservicios de Córdoba capital, 30 supermercados ubicados en los barrios de la capital provincial, 100 autoservicios y almacenes y 42 supermercados del interior, entre otros comercios.

Al ritmo de la suba en las góndolas, se derrumbó el consumo de carne. Fue la principal caída entre los principales productos: la venta de los cortes de vaca se redujo un 18,23 por ciento. También bajaron el pescado (-7,42 por ciento) y el pollo (-4,60 por ciento). En el caso de las frutas y verduras en general, excepto papas y batatas, la baja fue del 5,73 por ciento. El consumo de leche entera y descremada cayó el 9,23 por ciento, los yogures el 10,30 por ciento y los quesos un 4,45 por ciento.

Por otro lado, mientras descienden los alimentos ricos en proteínas, crecen los que son ricos en hidratos de carbono. El pan subió el 14,80%, las pastas secas el 12,14% y las papas crecieron el 9,67%. La razón es, por supuesto, la economía: para tratar de llegar a fin de mes, los consumidores se están inclinando por los productos más baratos.

¿Qué efectos tiene ese cambio de dieta en la gente? Marlene Ducant es una nutricionista riocuartense que es docente adscripta en la cátedra de Economía Alimentaria de la Universidad Católica de Córdoba.

“Este estudio revela que se están dejando de lado las proteínas y se opta por las harinas y los derivados, los hidratos de carbono como el pan, el arroz y los cereales en general. En ese caso, el componente proteico es bajísimo, casi que nada. Se tiende a una dieta hiperhidrocarbonada; ese es el impacto en la alimentación”, indicó Ducant.

Y detalló: “Hay que tener en cuenta que ese tipo de dieta tiene una mayor cantidad de hidratos de carbono, que, para ejemplificarlo, sería como la fuente de energía más barata que tiene el cuerpo para hacer deportes o desarrollar funciones vitales. Al tener tanto hidrato de carbono uno no consume esa energía, se guarda, se deposita y aumenta de peso”.

A eso se suma que en invierno suele hacerse menos actividad física.
¿Cuál es la alternativa entonces? “Las proteínas son más caras pero el huevo también es un alimento proteico. En el caso de las frutas y verduras hay que aprovechar las de estación. Y en cuanto a las carnes se debe apostar por las ofertas o el pollo, o hacer combinaciones con otros alimentos. Hay que buscar opciones para reducir el gasto y alimentarse bien”, manifestó Ducant.

Según el relevamiento del Centro de Almaneceros, durante abril en toda la provincia la canasta básica alimentaria se encareció un 4,90 por ciento en abril y alcanzó una suba interanual del 40,60%.

La línea de pobreza se ubicó en abril en $12.067 para una familia tipo y la línea de la indigencia se instaló en los $6.800.

En el primer cuatrimestre del año, la canasta básica total acumula incrementos por el 17,25%, una cifra considerada récord en la escalada inflacionaria.

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