lunes, 14 de diciembre de 2015

Santiago Manuel de Estrada.


En 1967, nombrado decano de la Facultad de Derecho de la todavía novel Pontificia Universidad Católica Argentina, el presidente de facto Juan Carlos Onganía lo designó subsecretario de Seguridad Social durante la tercera edad de la Revolución Argentina.

Cuando la Junta Militar reemplazó a Onganía por Roberto Marcelo Levingston, de Estrada perdió su estabilidad política pero conservó su cargo académico durante dos años más.

Fue convocado nuevamente por el presidente de facto Jorge Rafael Videla para ocupar la Subsecretaría de Seguridad Social, cargo que conservó a pesar de los cambios en la conducción del Proceso de Reorganización Nacional. Así, De Estrada fue el único funcionario que ingresó con Videla y se marchó cuando Reynaldo Bignone le entregó el poder Raúl Alfonsín.

El mismo Alfonsín lo convocó luego, entre 1984 y 1989, para ponerlo de Embajador en el Vaticano.

Más tarde, Carlos Menem lo volvió a nombrar en el cargo que tuvo durante la dictadura entre 1989 y 1991. En ese mismo período se desempeñó como presidente del Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (cargo que había ocupado como interventor de la dictadura entre 1979 y 1983). Entre 1998 y 1999 fue subsecretario de Desarrollo Social de la Nación y durante 1999 estuvo a cargo de la Secretaría de Seguridad Social nuevamente.

Luego de acompañar a Palito Ortega en Desarrollo Social se presentó para legislador porteño con Domingo Cavallo. En 2003 fue elegido nuevamente legislador porteño como primer candidato de la lista Juntos por Buenos Aires, que llevó a Macri como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Llegó a vicepresidente primero de la legislatura y su jefe político lo ubicó luego en la Auditoría General de la Ciudad.

Dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, la Secretaría de Culto que ocupa en 2015 Santiago Manuel de Estrada es presentada como "el vínculo natural y de relación institucional entre el Gobierno Nacional y cada una de esas organizaciones de la fe".

Para ocupar el cargo, Macri vuelve a sortear su propia identificación y voluntarismo de oxigenar la política con cuadros nuevos, renovados y modernos. Ahora apuesta a un hombre de 79 años que, mientras se desempeñaba como auditor general de la Ciudad de Buenos Aires, es vinculado con los sectores más conservadores de la iglesia católica.

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