martes, 14 de junio de 2016

El estrecho sendero de Macri.


Ya dijimos que el gobierno de Macri camina por un desfiladero, presionado por sus costados. Por un lado, es su corazón ideológico que palpita para disminuir el déficit fiscal; y por el otro, las consecuencias de ordenar las cuentas bajando el gasto, y dejando que la inflación restaure la tasa de ganancia para el empresariado, en desmedro de salarios y jubilaciones. Mientras la actualización del dólar ya hizo su trabajo en los inicios del gobierno, redistribuyendo premios y castigos, y generando un incremento sustancial de la masa de pobres. Entonces, tenemos que por un lado está su fidelidad a las concepciones monetaristas tradicionales y por otro un malhumor social que crece y crece, y permanece agazapado, sin que nadie sepa el tiempo de su paciencia, a pesar de los profetas del apocalípsis. Ese es el desfiladero por el cual camina Cambiemos con su presidente. La idea de desfiladero, puede dar la impresión de que anticipo una caída al abismo de la gobernabilidad; nada de eso, uso el término “desfiladero” por ser un camino entre otras entidades, entre varios desafíos, un camino a veces un poco más ancho y otras más angosto. Las profecías de caídas al vacío no son mi fuerte y tampoco del pensamiento académico, son más bien, especulaciones y deseos de algunos, que generalmente creen que pueda obtenerse algún beneficio político del desastre.

Para derrumbar concepciones binarias que saturan las redes y que empobrecen la interpretación, es bueno recordar dos cosas; una, que el propósito inicial del gobierno de Néstor Kirchner se apoyaba en que no hubiera déficit fiscal y que hubiera superávit mellizos que involucraba el saldo positivo del comercio exterior. Eso lo logró, o se logró, hasta el final de su mandato. Me acuerdo que en aquél momento pensaba en voz baja “es un objetivo conservador de Néstor”. Pero Néstor tenía razón, era lo que había que hacer junto con el desendeudamiento. La tradición del peronismo enseña que hay que tener flexibilidad y una aguda mirada sobre lo situacional. Ahora, cuando esa flexibilidad te pone a Menem, entonces eso es otra cosa. Son las encerronas que existen en todos los populismos y que nos ponen en una vía que conduce a la desigualdad, la entrega.

Luego con la crisis financiera del 2008, las condiciones internacionales variaron, se acabó el envión de los precios y ya no pudimos repetir dicho momento. También es cierto que se cometieron varios errores, el principal, en mi opinión, es no haber tenido un plan de desarrollo para los momentos altos del ciclo y los momentos bajos del mismo. Mucho más justificado, cuando las condiciones internacionales acentúan la dependencia.

Ahora, el camino de Macri ya transitó medio año. Es escaso aún para hacer un diagnóstico definitivo, pero vamos a intentar justificar el uso del término “desfiladero”: en el plano económico y social, el gobierno presenta estas contradicciones considerando sus propias declaraciones públicas:

a) Tiene previsto bajar el ritmo inflacionario, y seguramente esto se va a producir por las mismas consecuencias de la recesión existente y no por un fuerte incremente productivo que iguale la oferta y la demanda. La demanda cae y entonces caen los precios. El Ministro Prat Gay señaló que la meta es tener un índice del 25% para este año. El estimado para el corriente está en alrededor del 40%, y faltan un poco más de 6 meses para concluir el año calendario.

b) Efectuó el acuerdo con los holdouts. La gestión tuvo dos efectos, uno positivo, terminar con el default técnico, y otro negativo que es la enorme deuda contraída hacia el futuro.

c) A las pocas horas de asumir realizó una devaluación importante (alrededor del 40%), esto generó una formidable redistribución de ingresos, y motorizó un incremento de la inflación (aunque ya a fines de noviembre se advierte que la burguesía empezaba a descontar la devaluación con una actitud propia de indiferente a la comunidad y a la Nación). Según el Observatorio Social de la UCA, tan criticado por el kirchnerismo y hoy citado por él, indicó que durante los tres primeros meses del año se agregaron 1,4 millones de pobres y 350 mil que cayeron en la indigencia.

d) Desde antes de asumir, los dirigentes de Cambiemos señalaban en los medios su optimismo sobre la inversión directa extranjera que concurriría al modificarse el gobierno y las reglas de juego; el volumen de inversión a la fecha es escaso para un país de la envergadura como el nuestro. El arreglo con los acreedores y la devaluación fueron claros gestos dirigidos a conformar un país apetecible para los inversores. Se registra un ingreso de dólares, pero va para financiar los déficits, para pagar deuda o va a la bicicleta financiera. La sospecha que asoma es que la Argentina, otra vez, marcha hacia una dolarización de su economía. El rápido realineamiento internacional (lo último es la adopción de la condición de observador en la Alianza del Pacífico) apuntaba a integrarse como socio menor de las grandes potencias, pero esto no se vio correspondido en el plano financiero. Además, el juego de las altas tasas de interés puestas por el BCRA y las ganancias que dan los títulos, invitaron al capital a especular. Algunos capitales que entraron, lo hicieron para volver a salir velozmente con plata dulce, a favor de un dólar que permanece estable o en baja, y que nos introduce a un escenario ya conocido como el atraso cambiario. Como suponíamos todos, la devaluación, con este febril ritmo inflacionario, se iba a agotar en pocos meses. Bueno ya se agotó, pero estamos en la encrucijada que si se devaluara nuevamente la inflación se aceleraría.

e) Con el auspicio del Ministro de Energía y Minería, que ya en febrero había beneficiado las exiguas retenciones (5%) a las empresas mineras, se generó un plan de actualización de tarifas sin los fundamentos de un verdadero planeamiento. La improvisación fue tal, que se omitieron actores sociales y el presupuesto familiar que no pueden pagar semejante aumento en una acción de shock. Resultado, el gobierno recula sobre su propio descrédito, y la justicia empieza a dar lugar a los reclamos de los usuarios. Hoy el plan está deshilachado y a la deriva.

f) Debido a lo anterior, el gobierno decidió efectuar un, siempre discutido y resistido, blanqueo. Otro error, atar el blanqueo con el justo reconocimiento de la deuda del Estado con los jubilados. También, rápidamente trataron de separar lo que habían unido en un mismo paquete. Cuando asumieron dieron por terminado el blanqueo que había implementado CFK, el mismo estaba vigente desde abril del 2013, vencía el 31 de diciembre de 2015 y había arrojado un magro resultado. Es bueno recordar lo que dijo el Ministro de Hacienda Prat Gay, por aquellos días: “el blanqueo facilitaba el narcotráfico”; “…y es inaceptable desde el punto de vista técnico, político y moral”.

Es evidente que el escenario socioeconómico propicia a que el gobierno mientras camina pueda dispararse un pié. Avanza y retrocede, negocia y negocia. Toma medidas, se equivoca o exagera los beneficios de los resultados que no se ven, ni alcanzan a mejorar la vida de la mayoría de la sociedad. Su ideología es la gestión, bueno ahí está el por qué el prestigio de la acción oficial cae.

El escenario socioeconómico se completa al señalar, sin tremendismos, que hay una presión social que crece, que aún no se expresa físicamente, pero que logra alcanzar el malestar que las encuestas recogen. A lo que hay que sumar las ortodoxias liberales que, con mayor convicción que Macri, quieren a rajatabla que la disminución de los gastos se produzca y esperar luego el consabido derrame. Sabemos que sobre el modelo de desarrollo hay diversas opiniones en el gobierno, pero hoy parece remoto ante esta coyuntura. El gobierno necesita mantener la esperanza de la población en que el horizonte es mejor y que va a llegar.

Las mediciones muestran que hay un crédito, a pesar de que perdió el apoyo de 1,2 millones de los 12,3 que lo votaron en el balotaje, y que no volverían a elegirlo. Ese crédito tiene que ver con dos factores, uno el escaso tiempo de gestión (y cierta adjudicación de responsabilidades al gobierno anterior), y otro, una oposición fragmentada, y de la cual algunas de sus partes también pierde popularidad. Además la principal oposición, el peronismo/kirchnerismo, esta fracturado en pedazos. Algunos que apuntan a que el gobierno de Macri se vaya antes, y otros que mantienen una oposición de negociación y diálogo, previendo el cumplimiento de un cronograma electoral normal. Todo esto dentro de un escenario general de judicialización de la política y politización de la justicia como nunca antes habíamos vivido en los 33 años de democracia recuperada.

Se suma al escenario la cantidad de palabras y más palabras oficiales o cuasioficiales que circulan explicando que la mejor situación socioeconómica en promedio de la etapa K, era un despilfarro, una suerte de anomalía que hay que corregir.

La tendencia descendente de la imagen de la gestión y del propio Presidente, que ahora se encuentra en una meseta, puede continuar si no se produce el efecto “segundo semestre” anunciado. Si logra convertir la reducción de la inflación en un acontecimiento prometedor, su imagen puede mantenerse en el nivel actual, lo que no es seguro, porque la eficacia de la comunicación del gobierno no es muy confiable. Otra prueba de esto, son las voces oficiales que están desarmando lo que armaron como esperanza a partir de julio.

Estamos en un momento angosto del desfiladero: con protestas del sindicalismo más politizado y con el forzamiento del sindicalismo reivindicativo a alzar la voz ante la amenaza de un desempleo masivo. Este el momento en que la política debería asumir en pleno su funcionalidad. Dice un documento interno del PRO de Septiembre del 2014 firmado por Mauricio Devoto: “El PRO nació como una idea. Una idea de cambio y acción. Una idea de revolución en las formas de hacer política”… “Una Argentina solidaria, alegre, dinámica, moderna, justa, segura y feliz”. Bueno, aquí vemos la gran distancia de promesas y valores con este estrecho camino que, día a día, es más de Macri que de sus antecesores. En realidad, la encrucijada para Cambiemos es que si no hace política, y política en grande, terminará aplastado por la misma. La idea tecnocrática de “equipo”, sobre los hombros de Ministros que no conoce nadie, y que alguna vez salieron a los medios a informar un plan y luego desaparecieron de la comunicación pública, no alcanza la estatura de políticas y tampoco genera la confianza suficiente como para que la inversión directa adopte la dinámica de una avalancha. Es cierto que en lo estructural, tanto Macri como Scioli apuntaban al desarrollo de las fuerzas productivas, a una recuperación del capitalismo que se había detenido durante los últimos años. Por supuesto que las metodologías de ambos eran distintas, y además las realidades políticas que propugnaban ambas candidaturas eran diferentes, pero sabíamos que en las dos había contradicciones por enfrentar y resolver. La separación que caracteriza al peronismo/kirchnerismo muestra la implosión que encerraba ese matrimonio.

Pero, advertíamos que si ganaba Macri podía dar a luz un cambio hacia la derecha en la política nacional, que tuviera futuro o algún futuro para dicho sector, rompiendo la tradición del peronismo gobernando. Que ese giro de la política nacional no se neutraliza con el burdo paralelismo de Macri con Hitler, ni de Macri con Videla, ni de mediocres mediáticos del campo popular. El proceso dialéctico que se da en el estrecho camino, y los conflictos y las presiones, acercan a los fragmentos opositores entre sí, y alejan al macrismo de sus propios deseos. No tienen más remedio que gestionar metiendo los pies en el barro de la política, hacer alianzas y tratar de asegurar la gobernabilidad. Ni los senadores peronistas, menos el kirchnerismo, ni los partidos opositores, ni los gobernadores, van a atarse a los fracasos del gobierno cuando tienen elecciones el año próximo.

Hoy, la derecha elegida democráticamente, no puede asegurar un shock de divisas hacia las reservas del Banco Central o para efectuar una revolución industrial (tan necesaria y pendiente), que rompa el círculo agro-exportador que marca nuestra dependencia. Gracias al “yuyo” nuestro país lidera el comercio mundial de granos (en el 2014 el complejo sojero nos proveyó unos U$S 20.000 millones). Esto es estructural, estamos atados a este modelo económico y algún día el campo nacional y popular, tendrá que cambiar este perfil productivo, si queremos estar en el mundo emancipados.

El gobierno tiene un crédito que se encoge, y está en un momento crucial, porque el segundo semestre está llegando y, a pesar de que lo quieren estirar hacia adelante, no les sobra el tiempo. Deberían considerar seriamente que ciertas expresiones o metodologías explicativas se banalizan ante una demanda social que tiene por centro cuestiones que merecen seriedad: el trabajo como bien escaso y la pobreza como mal excesivo. No alcanza con expresar buenos deseos, hay que concretarlos. “Pobreza 0” parió en su propia incongruencia. No existe la “pobreza 0” en el mundo, y ahora en nuestro país sería mejor, más respetuoso, que no se la nombrara más.

Buenos Aires, 10 de junio de 2016.

Ricardo Rouvier, Sociólogo. Analista político.

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