martes, 7 de junio de 2016

Cambiemos: la restauración conservadora en Argentina.


A un semestre de haber asumido, el gobierno de Cambiemos, en cabeza del presidente Mauricio Macri, ya puede ser definido (con pocas dudas al respecto) como el gobierno de la restauración conservadora en Argentina.

La fuerza política que ganó las elecciones proponiendo un cambio superador de los errores del gobierno anterior pero conservando todos sus logros y los derechos ganados por la población, ya demuestra que no cumplirá con las expectativas que generó en sus votantes. Queda más claro día a día con las medidas tomadas, que el macrismo trata de desmontar, ladrillo a ladrillo, los avances auspiciados por los gobiernos kirchneristas. Se trata, en definitiva, de un gobierno que intenta restaurar el modelo o proyecto de país de los años noventa o, peor aún, del país agro-exportador de princípios del siglo XX.

Para ejemplificar esta afirmación repasemos lo que remarcábamos en los primeros días del gobierno de Macri (Yo fui un choriplanero. Confieso que he pecado: tenía la luz y el gas subsidiados por el estado kirchnerista.), cuando ya atisbábamos el ajuste brutal en marcha.

Todos los habitantes de Argentina teníamos subsidiados la electricidad, el gas, el agua y el transporte. Todos, los kirchneristas, los no kirchneristas e incluso los antikirchneristas. Se trataba de una política que privilegiaba el consumo interno, con el propósito de potenciar la industria nacional frente a la extranjera, para generar más puestos de trabajo en una época en la que el desempleo golpeaba fuerte las familias argentinas. Los resultados estuvieron a la vista, con un descenso fuerte del desempleo y su correlato de aumento de los salarios reales y el poder de compra de toda la población. Como explicaba muy bien el periodista David Cufré en Página/12:

“En cuanto a otros subsidios, en electricidad son 7776 pesos por año para una familia tipo; en gas, 7344 pesos, y en agua, 6600 pesos. “Cada hogar recibe un promedio de subsidios entre todos estos servicios de entre 40.500 hasta casi 63.000 pesos al año”, engloba. Y finaliza, para tomar dimensión de lo que está en juego:

Esto podría ser el equivalente a unas vacaciones en Buzios de 10 días para toda la familia en enero, el amueblamiento de una casa con Smart TV de 42 pulgadas, lavarropas, heladera, sommiers, juego de mesa con cuatro sillas y una cocina”. Esa es la capacidad de consumo que perderían de abastecer, además, numerosos sectores productivos nacionales, que también sufrirían las consecuencias de las políticas de ajuste que ahora dominan el debate.”

Con el arribo del macrismo al gobierno, esto pasó a ser un pecado, un despilfarro de fondos públicos, como bien lo dejó claro el economista y ex-candidato a vice presidente por la UCR en 2011, Javier González Fraga, cuando justificó y sinceró (brutalmente) las políticas del macrismo criticando las utilizadas por el kirchenrismo:

“Le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión. Eso no era normal.” (…) “No digo que si era bueno o malo. Por supuesto que era bueno, pero no era normal. No era sostenible”.

Aclaremos que González Fraga fue profesor en la universidad del ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, y un poco su padrino en su carrera política.

A su vez, la vicepresidente Gabriela Michetti acudió en su ayuda al aclarar, por si había quedado alguna duda al respecto:
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“Les hicieron creer que podían vivir de esa forma eternamente”. (…) “Lo más difícil para nosotros es atravesar el momento en el cual salís del populismo y salís de la fantasía de una mentira importante y muy grande”.

Michetti resaltó del gobierno macrista que “en muy poquito tiempo se han hecho cosas muy importantes desde el punto de vista de ordenar el país”.

Como vemos, se utilizan los términos normal, sostenible y orden de la economía. Es decir que el kirchnerismo (o populismo, peronismo, etc) acudió al “encantamiento” de la población (especialmente los empleados de sueldos bajos y medios) con métodos anormales, insostenibles que desordenaban la economía para que lo voten. Ellos, por lo tanto han venido para ordenar la economía, hacerla sostenible y normalizar el país. Veamos entonces lo métodos que están utilizando para hacerlo y los resultados que están obteniendo.

Las primeras medidas tomadas apenas accedió el macrismo al gobierno fueron el levantamiento del llamado “cepo cambiario”, en realidad una megadevaluación de 60% y la rebaja o quita de las retenciones a la exportación de cereales.

Esto trajo como consecuencia un gran aumento de los alimentos y una disparada de la inflación en pocos meses, que puso en guardia a los gremios en vistas a discutir las paritarias de 2016. Tras ello, se dispararon también la pobreza y la indigencia como nunca se había visto. Estas medidas provocaron una transferencia neta de riqueza de casi 20 mil millones de dólares desde las clases bajas y medias hacia las más altas, como lo explica muy bien el periodista Tomás Lukin:
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Durante sus primeros cinco meses en la Casa Rosada, el Gobierno de Macri transfirió una suma equivalente a 19.383 millones de dólares hacia compañías agroexportadoras, financieras, grandes empresas de alimentos y grupos industriales.

La megadevaluación, la eliminación de las retenciones (reducción de cinco puntos a la de la soja), la aceleración inflacionaria y la bicicleta financiera habilitada por el Banco Central son los principales medidas que definieron esa redistribución regresiva del ingreso.

“Argentina corre el riesgo de incurrir nuevamente en un triángulo sumamente perjudicial: transferencia de ingresos, fuga de capitales y endeudamiento externo. Si en cinco meses el Estado cedió al sector empresario 281.106 millones de pesos que equivalen a 19.383 millones de dólares, no sería sorprendente que el endeudamiento que asuma el Estado en los próximos años supere y se consuma en el financiamiento de la fuga. La transferencia más que cuadruplica el presupuesto destinado a salud, equivale a nueve veces las partidas para vivienda y representa los fondos necesarios para financiar durante más de seis años la AUH”. (Lo que representa) “160 millones por día entre el 1° de enero y el 30 de abril, 7 millones de dólares por hora o 111.242 dólares por minuto que fueron apropiados por los sectores empresarios”.

Y estos miles de millones de dólares que dejó de recaudar el fisco fue compensado por la aspiradora de las arcas familiares de los argentinos que representó el violento tarifazo de los servicios públicos.

Sin embargo, la quita de los subsidios a los servicios públicos que mencionamos más arriba fue implementada en una medida más salvaje y extendida que lo que se suponía, junto con un aumento de las tarifas mismas. Los montos que se pagaban se vieron incrementados en cien, dos cientos y hasta mil y pico por ciento, dependiendo del servicio, consumo o localidad del abonado.

Como efecto lógico de los aumentos de las tarifas y precios, se verificó una caída en el consumo de servicios y productos, principalmente en las capas baja y medias de la población, lo que repercute directamente en las pequeñas y medianas empresas, que al depender del mercado interno se ven obligadas a expulsar trabajadores o, directamente, cerrar. De ahí a un incremento del desempleo hay un paso.

Se estima que en estos meses se verificó un aumento de un millón y medio de pobres, tres cientos mil indigentes y un aumento de dos puntos en el desempleo. Esto determina que se revirtieron todas las tendencias de la última década en materia de desempleo, pobreza e indigencia, y la actividad económica no sólo se detuvo sino que se retrajo y no hay perspectivas de que cambie en 2016.

La prometida lluvia de dólares de inversión que traería la confianza en un gobierno de Macri brilla por su ausencia, por lo que el gobierno tuvo que apelar a onerosos préstamos internacionales de urgencia, y ahora apela a un inesperado blanqueo de capitales fugados (algo que el macrismo siempre criticó) para cubrir la escasez de fuentes de dólares para el Banco Central y para no desequilibrar más aún las arcas del estado, amenazadas por un déficit provocado por el heredado del kirchnerismo y por sus propias políticas. Esta cadena perversa de ajuste, caída del consumo interno, apertura de importaciones, disparada de la inflación y endeudamiento externo para cubrir desequilibrios fiscales, que el macrismo lleva a cabo se puede convertir en una espiral que nos lleve a una recesión o depresión similares a las sufridas antes del estallido del globo de la convertibilidad de los años noventa. Pero en un período mucho menor…

Pero volvamos a las palabras o el pensamiento de González Fraga y Michetti, similares a los de la mayoría de los funcionarios o ideólogos del macrismo. ¿Qué hay detrás de ellos? ¿Qué tipo de sociedad propugnan para nuestro país? Sin duda, una sociedad similar a la que apuntaba el menemismo o, más atrás en el tiempo, a la que aspiraba la última dictadura o los gobiernos conservadores de fines del siglo XIX y principios del XX. Una sociedad en la que la mayoría de la población no tiene derecho a acceder con su sueldo a los bienes de consumo o de servicios públicos de media o alta gama, ni a viajar al exterior o disfrutar de vacaciones similares a la de las clases acomodadas. En otras palabras, en ese país no hay lugar para la movilidad ascendente que caracterizó al país en sus años dorados del siglo pasado (décadas peronista y posperonista hasta 1976), y que comenzaba a recrearse en la última década. En definitiva, un país agro ganadero pero también fuertemente industrial, con mano de obra calificada y sueldos altos, con un fuerte mercado interno y exportador de productos primarios pero también de productos elaborados. No como en el proyecto de país menemista, donde la industria era la cenicienta de la economía nacional. En esos años, el desempleo, la pobreza y la indigencia crecían y la población que podía emigraba buscando horizontes más benignos. En esa sociedad sobraban millones de habitantes y faltaban millones de puestos de trabajo. A eso se refieren González Fraga y Michetti con el término “normal”, “sostenible” y “orden” aplicados al país o su economía. El “sinceramiento de la economía” que tanto pregonan lleva a el reacomodamiento de las clases sociales, a alejar a las bajas y medias de esa ilusión de poder acceder a bienes y servicios que normalmente no están destinados a todos. Un país que el populismo hizo posible forzando, desequilibrando las variables económicas, y que la economía de mercado, la economía normal, “natural”, seria, sólo reserva a quienes son los ganadores naturales del modelo neoliberal-conservador de sociedad. El modelo “correcto”, sustentable y único posible para un país como el nuestro.

Por eso viene muy bien repasar la contestación del ex-ministro de economía de Cristina Fernández, Axel Kicillof, a las afirmaciones de González Fraga y Michetti:

“Ahora se entiende mejor la inclusión social de la que hablaban Néstor y Cristina, la inclusión a los que menos tienen era una política de demanda interna y desarrollo industrial. La inclusión social viene de abajo para arriba e incluye a todos los sectores”.

El macrista es, efectivamente como sugerimos en el título, un gobierno de restauración conservadora, que llegó para normalizar el país que dejó el pernicioso populismo kirchnerista, y que pretende la vuelta a la Argentina desigual anterior al 2003. Es decir que el “cambio” que trajo Cambiemos al gobierno era, efectivamente, la “marcha atrás”. Hasta dónde llegará con su retroceso es algo que no se puede pronosticar. Pero si algo podemos asegurar es que, históricamente, en la democracia el límite al ajuste económico y de derechos lo pone el pueblo por medio de sus representantes o su propia lucha y movilización en la calle.

Basurero, Artepolítica.

1 comentario:

  1. Muy buen texto. Te da letra para contrarestar comentarios amarillos en el laburo.

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