miércoles, 18 de mayo de 2016

La ruta del dinero M en los paraísos fiscales.


Mauricio Macri pasaba su luna de miel en el hotel de Cerdeña al que se giraron los fondos de la offshore Fleg Trading cuando llamó a la presidenta CFK.

Mauricio Macri no estaba en calzoncillos. Estaba en bermudas.

Se lo aclaró, por las dudas, a la Presidenta cuando la llamó para felicitarla por su triunfo en las elecciones internas abiertas aquel agosto del 2011.

Lo que no le dijo entonces es que estaba en Cerdeña, en el hotel mansión del amigo y socio de la familia Giorgio Noccella. El mismo al que un tiempo antes, su sociedad offshore Fleg Trading, le había girado casi nueve millones de dólares a su cuenta en Suiza en un pasamanos entre Argentina y Brasil para evadir impuestos en ambos países.

Macri había llevado a Juliana Awada, su flamante esposa, a pasar el Ferragosto en Cerdeña, el reino de los Noccella. Casi una ceremonia de iniciación para pertenecer a la Famiglia.

Dicen quienes conocen que son los atardeceres más bellos del mundo. Con Roma y el Vaticano en el horizonte del este, y la costa de África adivinándose en la espalda.

Allí llegó Giorgio Noccella, nacido en Roma pero de madre hawaiana, a finales de la década del sesenta. Abrió los primeros caminos entre los acantilados y construyó una mansión en la que se reunió durante décadas el jet set italiano. Ese jet set peculiar en el que hombres de negocios poco claros toman champagne hasta la madrugada con estrellas del cine y poderosos de la iglesia.

Marco Ferreri, Gian María Volonté y Silvio Berlusconi podían encontrarse en la misma velada con el líder comunista Giorgio Napolitano, la duquesa Sara Ferguson o el Aga Khan.

La camorra calabresa, en la que los Macri son un apellido conocido, solía cenar con cardenales. Y fue en esa mansión que Francesco Rossi pensó Tre Fratelli, la historia de tres hermanos: Rocco, un comunista católico celador de un reformatorio para jóvenes en Nápoles, Rafael, un juez de Roma investigado en un caso de corrupción política y Nicolás, de Torino, un líder sindical. El comunismo en el sur, la política en Roma, la fábrica en Turín. Italia y los Macri.

La mansión se levanta sobre un acantilado y tiene tres estatuas de madera en la entrada: Franco y Antonio Macri y Giorgio Noccella.

Allí pasó sus agostos Mauricio Macri desde joven. Allí llegó junto a su amigo Nicolás Caputo cuando lo liberaron de su secuestro, para volver a encontrarse con la serenidad. De allí volvió convertido en el heredero, el presidente de Sevel y Sideco.

Fue en ese momento, a finales de la década de los noventa, cuando Noccella decide sumar a su mansión la construcción de una villa hotelera, el Nuraghe Porto Rotondo S.A.

A la cuenta de ese hotel en Suiza fue que Owner Do Brasil, la compañía creada por los Macri para hacer negocios en ese país evadiendo impuestos, transfirió casi nueve millones de dólares.

Los accionistas de Owners son Fleg Trading (la offshore que apareció en los Panamá Papers de la que Franco y Mauricio Macri son presidente y vice) y Socma S.A., el holding que controla todas las empresas del grupo.

La justicia investiga ahora si esos movimientos de activos fueron para una operación real o simplemente para lavado de dinero. Noccela era socio de SOCMA S.A. en el momento en que se produce esa derivación de fondos. Toda la maniobra parece ligada a una descapitalización de Owners y un lavado de divisas.



Las explicaciones de Mauricio Macri achacando a su padre toda la responsabilidad en el manejo de las sociedades offshore parecen difíciles de sostener en la justicia.

En los años 90, cuando se preparaba para ser el heredero y quien manejara toda la fortuna familiar, estuvo al frente de las principales compañías de la empresa: Sideco y Sevel, las dos principales empresas controladas por SOCMA.

Desde el año 2007 Mauricio Macri y sus hermanos son los dueños de las acciones de la empresa. “Mauricio me quitó la empresa”, dirá su padre. “Papá ya está viejo y no puede manejar nada”, dirá el hijo. La pelea de ese momento cuando los hijos presentan una declaración de insanía del padre para quedarse con toda su fortuna parece repetirse ahora cuando el Presidente trata de endilgar a Franco toda la responsabilidad en el manejo de las empresas develadas por los Panamá Papers.

“Mauricio siempre fue igual. Vivió de mí toda la vida, pero me echó la culpa de todo”, se queja amargamente, una vez más, el padre.

Así terminó este 22 de abril (2016) la reunión familiar en la mansión de la calle Eduardo Costa en que se festejó el cumpleaños 86 del patriarca. Unos días después, tenían que encontrarse en una mediación judicial. Franco no fue.

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