jueves, 19 de mayo de 2016

La deuda no es negocio.


El endeudamiento puede ser favorable si financia inversiones que generen más riqueza de la que hay que pagar por intereses. Pero es ilegítimo si se usa para compensar la baja de impuestos a sectores concentrados.

La mayor parte de las políticas económicas en las grandes economías del mundo se han alejado progresivamente de las que estuvieron de moda en los años ‘90 del neoliberalismo triunfante. Ya nadie espera mayores soluciones de la mundialización, que hace una década parecía la panacea universal, y el comercio intencional ya no es la locomotora del crecimiento de la economía mundial. Asimismo, los Estados han dejado de endeudarse en los “mercados” y se financian a través de los bancos centrales. Estos acumulan, como el BCRA, un pasivo que queda fuera de la esfera especulativa a través de lo que se ha dado en llamar “la flexibilización cuantitativa”, eufemismo para designar el fin de las políticas monetaristas. Los bancos centrales han vuelto a llevar adelante la llamada política convencional: le prestan al Estado y las tasas de interés de las obligaciones en el mercado secundario quedaron para muchos países en valores negativos. Incluso el Banco Central Europeo, dirigido por Mario Draghi, que en sus estatutos tiene prohibido practicar este tipo de política monetaria, se ha inclinado, aunque un poco tarde, frente a la tragedia griega. El caso argentino y los holdout es también paradigmático. El endeudamiento externo en el “mercado” es considerado nefasto.

Las políticas económicas de casi todos los países se han reorientado hacia el mercado interno y la explicación, simple, es que este es el núcleo neural de la economía en la mayor parte de los países. Según el Banco Mundial, en los Estados Unidos, que representa el 25 por ciento de la economía mundial, el 87 por ciento del PIB esta constituido por el mercado interno y solo el 13 por ciento es exportado. La segunda economía mundial, China, exporta solo el 23 por ciento de su PIB. La Argentina se encuentra en una situación intermedia, exporta el 17 por ciento de su PIB. Estas cifras permiten demostrar una evidencia: si Estados Unidos deseara incrementar su PIB el 1 por ciento sobre la base de la expansión de las exportaciones, éstas deberían aumentar 7,7 por ciento, las de China, 4,4, y si fuera el caso de la Argentina, el 5,9.

La dimensión del mercado interno y la relación con el resto del mundo es un aspecto esencial para diseñar una política económica y en materia presupuestaria es determinante. La base impositiva es mayor cuanto mayor es el PIB, con una presión impositiva constante, y mayor será la recaudación fiscal y por lo tanto mayor la inversión pública que, en Argentina en el 2001 era del 1 por ciento, en 2015 representó el 5 por ciento del PIB. De esto se deduce que cuando un país enfrenta una recesión debe incrementar el gasto público, proceder a una fuerte expansión monetaria y bajar las tasas de interés.

La cuestión del gasto público es crucial porque este tiene un efecto multiplicador en la creación de la riqueza. El ejemplo que todos los estudiantes de economía conocen es que si la economía tiene una tasa de ahorro del 20 por ciento, cuando el Estado gasta 100 pesos el incremento del PIB al cabo de 4 años es de 236,16 pesos, más los 100 gastados. Al contrario, si el Estado disminuye el gasto se produce el efecto inverso, vale decir la riqueza se reduce en cantidades similares. Esto explica que luego del derrumbe del sector financiero que produjo la Gran Recesión, en Estados Unidos el gobierno del presidente Obama haya elevado el déficit presupuestario al 10 por ciento del PIB en 2009 y un poco menos en 2010, bajado la tasa de interés al 0,25 por ciento e incrementado la masa monetaria. Los resultados son conocidos: un rápido incremento de la tasa de crecimiento económico y una reducción masiva del desempleo.

Los gobiernos que adhieren al neoliberalismo postulan que es preferible gastar menos de lo que deberían y consideran que deben disminuir los impuestos, como la baja de las retenciones y reducir del gasto, por ejemplo con la quita de subsidios. Esto se acompaña de un incremento de las tarifas de los servicios públicos, la electricidad, el gas y los transportes para aumentar la recaudación fiscal vía el IVA para compensar la pérdida de los ingresos.

La consecuencia es que los gobiernos que actúan así se enfrenten a problemas de financiamiento del presupuesto que, en regla general, disminuyen el gasto global. Esto se produce porque los que ganan más solo gastan una parte del incremento de sus ingresos provocado por la baja de los impuestos y dedican el resto, la mayor parte, a atesoramiento, fuga al dólar o activos especulativos, lo cual disminuye el consumo. En la medida que se reducen los impuestos de los más ricos, como el Estado tiene gastos incompresibles, el resultado es que se incrementa la presión impositiva sobre los que menos tienen y se reduce aún mas la demanda global interna que constituye, como hemos señalado, lo esencial del PIB. En algunos casos para limitar el efecto fuga al dólar o al extranjero se eleva la tasa de interés para remunerar los ingresos de quienes han incrementado sus haberes debido a la baja de los impuestos. Esto agrava la situación, puesto que el otro componente de la demanda interna que es la inversión disminuye por esta causa. La lluvia de dólares no puede caer porque no hay que ganar salvo en la bicicleta financiera.

Este tipo de política económica aconsejada por el FMI lleva a agravar el déficit fiscal debido la disminución de la base tributaria. Los gobiernos se encuentran así frente al dilema de tener que disminuir aún más el gasto publico o endeudarse.

Se puede sugerir que el endeudamiento puede ser favorable al crecimiento económico si la rentabilidad de las inversiones realizadas por el gobierno permite inversiones que crean un volumen de riqueza superior al monto de los intereses que se deben pagar para obtener los préstamos. Pero se transforma en deuda ilegítima si solo sirve para financiar los gastos corrientes que hubieran podido ser pagados con los impuestos que antes pagaban los más ricos. El endeudamiento en este caso es una transferencia neta de ingresos a los ricos, ya que estos obtendrán un aumento de su ingreso, pero la deuda y los intereses serán pagados por el conjunto y en particular por un esfuerzo fiscal, superior, de los más pobres.

Bruno Susani, Doctor en Ciencias Económicas Université de Paris (Página 12)

1 comentario:

  1. Keynes para principiantes (sólo que Keynes no era un principiante)
    Todo se solucionaría con intervenciones fiscales y monetarias.
    Si no, vale su contracara:la Ortodoxia.
    En suma "Economía" en estado puro (y c.p.).
    Por algo los neoclásicos le sacaron el nombre de "Política" a la disciplina.


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