sábado, 7 de mayo de 2016

Gas: el negociado de Aranguren.


La capacidad de sorpresa es uno de los últimos bienes que la gestión Cambiemos amenaza con arrebatar. La celeridad y aceleración con que se tomó el Estado argentino no puede digerirse en su dimensión. Noticia tras noticia que no encuentra piso de infortunio, el vértigo destructivo horada la credibilidad y esfuma la identidad de un gobierno entre CEOs irreverentes y en litigio para dejar la vista de un ente autista y automatizado para terminar el más vasto plan de usurpación que se haya conocido.

En este marco, tras exponentes como Alfonso Prat Gay, Federico Sturzzeneger, Nicolás Caputo o Néstor Grindetti, encontramos a un distinguido ícono de este gobierno PRO: Juan José Aranguren, CEO de Shell devenido en Ministro de Energía, artífice de los tarifazos más abruptos de la historia argentina en su cartera.

La noticia de que Argentina importa gas desde Chile trae más frío que el propio invierno. El acuerdo firmado por el ministro de Energía de Chile, Máximo Pacheco, y su par argentino, Juan José Aranguren, data del 29 de enero (2016) y plasma el suministro de 5,5 millones de metros cúbicos diarios de gas y 200 megavatios de electricidad entre mayo y agosto de 2016.

Desde entonces hasta pocos días antes del comienzo de las operaciones (programado para el 11 de mayo) la polémica no quedó plasmada en ninguno de los medios cogobernantes a pesar de la opinión de varios especialistas del sector que critican un acuerdo de ribetes insólitos y muy difíciles de justificar.

A través de la empresa estatal Enarsa, la administración macrista cerró un contrato de compra de gas a Chile con un precio que resulta un 128% más caro que lo abonado por las importaciones provenientes de Bolivia (y un 53% más elevado que el GNL que llega por barcos).

Pero no sólo el precio llamó la atención de propios y extraños. El acuerdo argentino-chileno tiene otros tres aspectos significativos: establece que Enarsa debe pagar la totalidad de la compra por anticipado, que cualquier controversia será resuelta por la legislación de Nueva York y que obliga a las partes a mantener el acuerdo bajo un marco de “estricta reserva y confidencialidad”.

Argentina y Chile suscribieron el contrato de suministro a través de Enarsa y Solgas (firma intermediaria del grupo internacional GDF Suez) respectivamente y prevé la entrega de 86 millones de metros cúbicos de gas entre el 11 de mayo y el 15 de agosto (2016) por medio del gasoducto Norandino que une la planta regasificadora chilena de Mejillones y la provincia de Salta.

Si bien el volumen en juego es poco relevante para el nivel de consumo interno (un 20% aproximado y un tercio de lo exportado por Bolivia a Argentina), lo que conmovió la atención en el sector energético fueron la forma y las condiciones que rodearon la concreción del primer negocio de importación de gas de Chile que, a saber, no produce Gas sino que lo importa en barco en forma de gas licuado (1).

El expediente del contrato de importación que se pagará con fondos públicos (por un total de U$S 95 millones) muestra que la oferta de Solgas llegó el jueves 21 de abril a las manos de Hugo Balboa, el presidente de Enarsa que responde directamente al ministro Aranguren (2).

Un día después, el viernes 22 de abril, y con un informe técnico favorable que fue realizado a velocidad inusitada por la Gerencia de Gas y Refinación que comanda Jorge O’ Donnell, Enarsa aceptó formalmente los términos del convenio de compra que habían negociado Balboa y el director de Enarsa, José María Zuliani.

Los cuatro puntos claves y no menos polémicos que desataron críticas, controversias y suspicacias son el precio, la forma de pago, la cesión de la soberanía judicial y la confidencialidad.

Precio
Prevé un precio fijo de u$s 6,90 por millón de BTU (MBTU) durante los tres meses de vigencia del acuerdo para el combustible entregado en la frontera argentino-chilena a través del gasoducto Norandino. El valor resulta un 128% más caro que los u$s 3,02 por MBTU que Argentina paga actualmente por gas que envía Bolivia. Y comparado con gas importado que llega por barcos a Bahía Blanca y Escobar, el precio del contrato con Chile es un 53% más alto que el promedio de u$s 4,50 por MBTU que aceptó pagar la propia Enarsa en la última compra de 30 cargamentos de GNL que cerró el mes pasado.

Forma de pago
A diferencia de los despachos de Bolivia que se pagan a mes vencido y las cargas de los barcos que se liquidan horas antes de la entrega del combustible, el volumen total del gas adquirido a Chile se abona íntegramente por adelantado. Antes de empezar a entregar el gas, la empresa vendedora Solgas embolsará alrededor de u$s 23 millones que equivalen a los 86 millones de metros cúbicos que se comprometió a proveer entre mayo y agosto. Según las cláusulas del contrato, Solgas facturará mensualmente el gas entregado y al término del contrato efectuará los créditos o débitos que correspondan. Además, para Enarsa regirá la cláusula “take or pay” por la cual no puede reprogramar las entregas pactadas y está obligada a pagar todos volúmenes acordados incluso aquellos que no sean tomados.

Cesión de soberanía judicial
El acuerdo determina que para la resolución cualquier controversia, duda o discrepancia relacionada con los términos y condiciones contractuales se aplicará la ley del estado de Nueva York. Para los casos en disputa, prevé la conformación de un tribunal arbitral integrado por tres miembros cuyo laudo será “final y obligatorio para las partes”.

Confidencialidad
El convenio Enarsa-Solgas obligaba a ambas a "guardar estricta confidencialidad y reserva por el término de un año”, tanto de las condiciones contractuales, como de las resoluciones de los eventuales arbitrajes que pudieran registrarse.
Esta cláusula agravó las suspicacias y fue la más trabajada en la negociación. Por un lado se comentó que si los datos sobre las compras a Bolivia y las importaciones de GNL se dan a conocer públicamente, ¿por qué motivo se van a ocultar las clausulas y valores del contrato con Chile? Y, por otra parte, los fondos públicos que utiliza Argentina para pagar el convenio provienen del Programa de Energía Total (PET) y según las normas vigentes esos recursos presupuestarios no pueden ser encuadrados como algo secreto y confidencial. Entonces desde el gobierno argentino salieron a declarar que “el contrato no es secreto, aunque sí posee una cláusula de confidencialidad que se cae cuando las autoridades competentes requieran la información en ambos países o en caso de que cualquiera de los dos ministerios de energía se vieran en la necesidad de difundir la negociación”.

Aranguren responde

Luego de estas insólitas condiciones, el Ministro de Energía, Juan José Aranguren, salió a responder preguntas de la prensa. Los periodistas que (no) interpelaron al ministro fueron Jorge Lanata y Magdalena Ruiz Guiñazú, ambos del riñón del Grupo Clarín a través de una de sus usinas radiales, Radio Mitre.

“Bolivia le vende (gas) a Brasil y a la Argentina, y no tiene más gas”, explicó Aranguren, “hoy Argentina importa gas de Bolivia a u$s 3 la unidad de medida…”

El ministro tuvo que admitir que el gas que comprará a Chile lo pagará a razón de u$s 7. Entonces hilvanó una tangente considerando que de todas maneras la operación redundará en un ahorro porque impedirá que Argentina “queme gasoil para generar energía eléctrica”.

“Tuvimos posibilidad de comprarle gas a Chile, que tiene también plantas de regasificación con capacidad ociosa, y lo compramos a USD 7 el millón de BTU y desplaza al gasoil que lo compramos a USD 10, lo que le significa al Estado un ahorro de 46 millones de dólares”.

“Estamos reemplazando un producto que nos sale USD 10,5 por millón de BTU por otro que nos sale USD 7. Obviamente es más caro que el que nos sale 3, pero no hay”.

“Si tuviéramos acceso a otra fuente de gas natural tendríamos mayor disponibilidad para que las amas de casa tengan gas en sus hogares o no les cortemos el gas a las industrias o no les cortemos el GNC (gas natural comprimido) a los taxistas”.

Por supuesto, el diario Clarín salió a publicar las palabras de Aranguren según su estilo, agregando opiniones negativas contra el gobierno anterior y datos parciales. Pero poco después el Ministro de Hidrocarburos y Energía de Bolivia, Luis Alberto Sánchez, salió a desmentir al tándem Aranguren – Clarín.

Sánchez aseguró el viernes (06.05.2016) que Bolivia cumple "a cabalidad" el contrato de compra-venta de gas natural al mercado de Argentina: "Nosotros hoy tenemos un contrato con Argentina y estamos cumpliendo a cabalidad de acuerdo a las nominaciones. Argentina nómina y nosotros cumplimos", explicó a la Red Patria Nueva.

El Ministro boliviano insistió en que en ningún momento se incumplió con el envío de gas a Argentina, explicó que hasta el momento no existe una propuesta para incrementar los volúmenes de gas a ese país e informó que en el momento que Argentina desee incrementar los volúmenes del contrato de gas, se analizará la propuesta: "Estamos abiertos a analizar nuevas propuestas de volúmenes con los hermanos argentinos. Obviamente la prioridad es el mercado interno, con tantos proyectos que se están desarrollando en Bolivia, como el Mutún, litio, cementeras, amoniaco urea, propileno, polipropileno y generación de energía eléctrica".

Y para terminar, el Ministro Sánchez se hizo lugar para explicar por qué el gas chileno le resulta más caro a la Argentina:

 "Es un gas traído de otro continente (el de Chile), y hay un costo de regasificación en el lado chileno y hay un costo de transporte al lugar de destino final y evidentemente tiene un precio mayor al que tiene Bolivia actualmente".

Suspicacias y explicaciones

En la esfera del acuerdo argentino-chileno por el traspaso de gas no sólo entran las publicitadas Enarsa (Argentina) y Solgas (privada multinacional) sino que también participan las energéticas British Gas y Royal Dutch Shell.

En 2014 el Gobierno de Chile firmó un contrato de largo plazo con British Gas (proveedor de energía y servicios para el hogar en el Reino Unido) que le permite, desde 2015, superar su desabastecimiento.

En los últimos meses de 2015 comenzaron a llegar a Chile los primeros embarques de gas no convencional principalmente desde la terminal portuaria de Cheniere, Texas (Estados Unidos) hacia Quintero, en la zona central chilena, como hacia Mejillones, en el norte.

Precisamente en el año 2015 British Gas (BG) fue adquirida por la multinacional Royal Dutch Shell por 70.000 millones de dólares, en lo que constituyó la mayor adquisición desde la fusión por 41.700 millones de libras esterlinas entre la rama holandesa y británica de Shell, la tercera mayor petrolera del mundo.

La absorción de BG por Shell es uno de los casos de grandes operaciones en el sector petrolero, azotado por el desplome del precio del barril, como sucedió en los años 90, cuando nacieron gigantes como BP, Chevron o ExxonMobil.

Aquí volvemos a Juan José Aranguren, que renunció después de 37 años de servicio (12 años de CEO) en Shell Argentina (y vicepresidente de Suministros y Distribución para América latina) para asumir como Ministro de Energía de la República Argentina.

Aranguren asumió siendo portador de 13 millones de pesos en acciones clase A de Shell Casa Matriz. Por supuesto, aún las conserva.

La renuncia del ministro Aranguren debería ser aceptada por el Ejecutivo en tanto viola la Ley de Ética de la Función Pública 25.188. En esa línea, el diputado del Frente para la Victoria Martín Doñate presentó una denuncia penal contra el ministro de Energía ante la Oficina Anticorrupción, por “delitos de acción pública de extrema gravedad”.


(1)Este gas natural (GNL) es condensado en líquido a través de un proceso de licuefacción a una temperatura de 161 grados celsius, que permite reducir su volumen unas 600 veces. Luego el combustible, de origen fósil, es transportado en barcos llamados tanqueros o metaneros, hasta terminales portuarias adaptadas para regasificarlo e inyectarlo a los gasoductos.

(2) El total del gas que importará el país desde el 11 de mayo durante los próximos tres meses se concretará mediante un contrato con GDF Suez por 73,4 millones de dólares -a un valor de 7,2 dólares por MBTU-, y otro con Enap por 22 millones de dólares -a 6,9 dólares por MBTU.


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