sábado, 20 de febrero de 2016

Las migas del radicalismo aliado al PRO.


El golpeado radicalismo, devenido en oferta de estructura a cambio de cargos, sigue murmurando contra Macri y el presidente decidió abrir los portones de Olivos en la noche del miércoles (17.02.2016) para recibir, por primera vez desde que asumió el gobierno hace más de dos meses, a los legisladores del oficialismo del Congreso.

La cita, que fue social y para compartir menos que una cena (fue un bandejeo cuya modestia se justificó en que la residencia está en refacciones), sirvió para contener, escuchar y acariciar a la rama radical de esas formaciones que integran, además, los legisladores del Pro y de la Coalición Cívica.

Atenderlos en sus reclamos de atención es parte del testeo macrista del grado de compromiso que tiene la bancada radical hacia el año legislativo, que comienza en torno a medidas que sus dirigentes han criticado con soltura, como la quita de retenciones a las exportaciones mineras, con lo que se hizo un plato Elisa Carrió (ausente por estar fuera del país).

Pese a que había otros jefes de bancada, Macri paró a su lado a Ángel Rozas y a Mario Negri, jefes de los bloques radicales que ahora serán además los comandantes de los interbloques en Diputados y Senado.

Negri habló para agradecer el encuentro, que permitió un libre recreo de los legisladores con la casi totalidad del gabinete, algo poco frecuente, al no tener el radicalismo ningún funcionario que los represente en el corazón del poder de Cambiemos. Ese rol lo hubiera cumplido Ernesto Sanz, hoy en la vida privada y víctima del síndrome veraniego de dejarse la barba.

La retardada urgencia de verse con los radicales obedece a los intentos macristas de encuadrar un gobierno unívoco y evitar los permanentes chispazos entre funcionarios y aliados por medidas que emprendidas sin consultar y que obligan a quienes deberían funcionar con alguna disciplina a pasarse el día dando explicaciones. “¿De qué nos sirve que haya una reunión todos los martes con funcionarios del gobierno y el partido, si lo que nos terminan contando ahí es cómo se equivocaron?”, le dijo un radical a Macri en un aparte del encuentro.

EL reclamo de fondo de los radicales es por algún mecanismo que mejore los atributos de su cuota-parte en el gobierno, y lo expresa esta frase escuchada anoche en Olivos: “Acá Carrió tiene piedra libre para opinar y a Massa lo llevan a Davos y habla como un opositor: ¿nos pueden decir qué lugar tenemos nosotros los radicales en este juego?”.

A unos pocos Macri les adelantó algo de lo que anunciara luego sobre ganancias, acompañado por funcionarios y sindicalistas. Glosó ante algunos curiosos, detalles de la reunión con los sindicatos, de la cual el Presidente retuvo frases de Luis Barrionuevo como “no es posible que un tipo que maneja un camión gane cuatro veces más que un matricero tuyo, Caló”, y otras advertencias de “Luisito” sobre la creciente agresividad de la prensa que parecía amiga, cuadro agravado por un síndrome de abstinencia de pauta oficial, de medios no acostumbrados a funcionar sin techo. Eso duele y explica el viraje de animadores a quienes les atacan inesperados ataques de periodismo independiente. Cuanto más demore la definición del nuevo sistema de publicidad oficial, todo puede volvérsele más difícil al gobierno con medios a los que creía amigos y hasta socios.

También hablaron en los corros de Olivos sobre el discurso de apertura del año legislativo. Los radicales ven que en el gobierno hay dos opiniones divergentes sobre cómo abordar el estado de la Nación. Un sector representado por Marcos Peña – al cual Macri le deposita una confianza y unas funciones que no tiene nadie más en el gobierno – cree, con las encuestas que le acercan como respaldo argumental, que no hay que hablar del pasado, mirar al futuro y no hablar de la herencia recibida. Otro sector, que representa Emilio Monzó, cree que el gobierno aún está a tiempo de lanzar un “Libro Blanco” sobre la situación que dejó la administración Kirchner.

La reunión está en el interés de Macri de aceitar las relaciones con los radicales, que se enojan por sus gestos peronoides, sus amistades massistas y su manejo tumultuoso de los tiempos, como ocurrió antes con la designación de jueces de la Corte en comisión y ahora con las retenciones mineras. La cúpula del gobierno los hace participar poco, les muestra menos y no los consulta. Eso motiva reuniones como la del martes (16.02.2016) en el Comité Nacional, adonde José Corral juntó a casi un centenar de los 3000 funcionarios que tiene en el partido en cargos del gobierno.

Mientras Leopoldo Moreau (expulsado) va colectando apoyos y votos por fuera, el radicalismo va dando señales hacia adentro frente a quejas de correligionarios que sienten el frío de la indiferencia macrista que debieron consentir quienes tienen altos cargos en la nueva administración, y hasta un Ernesto Sanz, que sigue funcionando – aun sin cargo – como el gerente de la UCR dentro del gobierno.

Pero Sanz está animando reuniones partidarias, visitando a funcionarios traficando pedidos y sugerencias, lamentando cuando el gobierno no sacia los recamos de cargos y posiciones, y festejando cuando logran algo, como esa misma noche de la reunión general (17.02.2016) que lo encontró lejos, en La Raya, junto a Enrique Nosiglia y un lote de amigos celebrando la aprobación de las embajadas de Marcelo Stubrin y Normando Álvarez García.


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