lunes, 25 de enero de 2016

Los masivos despidos de Macri.


La noticia de los despidos estatales ya corrió y corre visible y públicamente. Lejos del repiqueteo de la prensa concentrada, no obstante, la ola de despidos es (muy) mesuradamente publicada y mixturada entre noticias de (incomprobables) combates al narcotráfico o algunos cambios organizativos para dar, en modo de combo, una imagen de “saneamiento” del Estado. En ese contexto, los trabajadores estatales despedidos no pueden sino ser catalogados de “ñoquis” tanto desde el Gobierno como desde el eco de la prensa concentrada. Esta coincidencia y perfecta sintonía de definiciones, ya de por sí, abre los cuestionamientos.

Se sabe que la palabra “ñoqui” tiene un alto e histórico poder de fuego simbólico en la sociedad argentina y que, a través de ella y de ese poder disuasorio, se están implementando operaciones políticas no confesables. Desde el vamos las operaciones de limpieza política e ideológica las está implementando el mismo Gobierno que aumenta los altos cargos ejecutivos del Estado en un 22% y acaba de derogar todos los controles y aranceles a la importación de bienes y productos. Esto implica que a los despidos decididos desde el Estado se suman los privados a partir del diseño de la nueva política económica.

El número total de despidos en los tres niveles del Estado (nacional, provincial y municipal) se acerca a los 24.000. El Estado nacional en la Ciudad de Buenos Aires despidió a 6500 personas y desde los gremios esperan que la situación se agrave a partir de marzo (2016), cuando venzan los contratos que están “en revisión” por parte del Gobierno.

Algunos de los despidos en el Estado nacional se dieron en el Senado (2045), el Centro Cultural Néstor Kirchner (600), Ministerio de Justicia (489), Ministerio de Seguridad (215), Secretaría de Comercio (200), Jefatura de Gabinete (130), Diputados (100), Ministerio de Trabajo (100), Afsca (135), Indec (70), Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (35), Organismo de Control de Concesiones Viales (30), Sepyme (25) y Desarrollo Social (10).

La medida que está detrás del achicamiento del Estado es el Decreto 254/2015, que estableció que se revisarán todos los contratos de menos de tres años de antigüedad por un lapso de tres meses y que los de más de tres años se renovarán por un año. El Decreto, formalmente innecesario o superfluo, sirve menos para implementar despidos que para generar psicosis ya que los contratos vencen y el Estado puede no renovarlos. No obstante, además, el Gobierno ni siquiera respeta su propia letra al llevar a cabo los despidos sin tomar en cuenta el lapso de tres meses de supuesta evaluación estipulados en el Decreto, sino que ocurren intempestivamente, en algunos casos sin comunicación directa con el trabajador.

La limpieza ideológica no es lamentada ni disimulada. Al contrario, es exhibida por los medios concentrados como una esperada o, más bien ansiada, decisión de poder. El público consumidor de Clarín aplaude íntimamente esta limpieza y justifica la maniobra como “lógica” a partir de una nueva jefatura que para fluir necesita limpiar posibles y probables palos en las ruedas.

El discurso del Gobierno, pobre como todos sus discursos, viene a llenar espacios de prensa que se derraman como argumentación de opinión pública:

“La administración anterior usó al Estado para contratar a sus partidarios en vez de a la gente que fuera capaz de trabajar. Estamos avanzando hacia un Estado para gente que pueda resolver los problemas de la gente. No creemos en el Estado como bastión de la militancia” dijo Macri. “Queremos un Estado al que no le sobre la grasa de la militancia”, dijo Prat-Gay. “Comparto que hay una grasa militante y que hubo recursos del Estado que sirvieron para sostener a los militantes del partido oficialista, no son despidos ya que era gente que no iba a trabajar”, dijo el ministro de Educación Esteban Bullrich. “Estos nombramientos se produjeron sobre todo en 2015 y hay que mirarlos con detenimiento, tienen que ver con un sector político, en particular con La Cámpora”, dijo la vicepresidenta Gabriela Michetti. Así, en este armado eufemístico agresivo, se escudó el Gobierno para llevar adelante la razia estatal.

A ojos del Gobierno y su público, los despidos son una obra de bien, de saneamiento, una deuda, una vieja deuda saldada que merece aplausos y agradecimientos. No importa si no se hicieron auditorías, si no se respetó la propia letra del decreto, si no se respetaron los tres meses evaluatorios. Al contrario, ese atropello también es una muestra de “decisión”, “rapidez” y “ejecutividad”en sintonía, si se quiere, con las dictadas emergencias estadística, económica y de seguridad que acaban de decretarse para no perder tiempo en revisiones trabajosas y apuntar directamente al objetivo: achicar el Estado, reducir los salarios (costos laborales) y ordenar la calle (represión): el plan 70/30.

“No dudo de tu capacidad, pero es una cuestión política”, le dijo Enrique Cánepa (jefe de Gabinete de la Secretaría de Comercio) a una empleada despedida. Allí, en Comercio hubo una primer camada de 130 despedidos que tenían contratos de asistencia técnica con convenios con universidades, una modalidad de contratación precarizada. La segunda ola de cesanteados afectó a otros 70 trabajadores que estaban a la espera de la última firma para la planta transitoria. Con los 200 despedidos (y los que se podrían sumar en marzo) se desbarató el área de Precios Cuidados, la Red Comprar, el análisis de precios y Defensa del Consumidor. Echaron también a los trabajadores que se encargaban de verificar en las góndolas el cumplimiento de los acuerdos de precios. “Sobra gente”, explican los nuevos directivos.

La coherencia del Gobierno es reconocible. Estas áreas no existen en su cronograma de gestión donde la economía es totalmente libre, sin controles ni regulaciones: esta gente hace un trabajo innecesario, sobra.

Del mismo modo fue cercenada la Subgerencia de Promoción de los Derechos Humanos del Banco Central (creada en 12/2014). Varios trabajadores fueron echados, entre ellos Eduardo Codiani, quien ingresó al banco en julio de 2015. “Durante el semestre laburamos sobre dos ejes: investigación y promoción. Se abrieron todos los archivos de la dictadura del BCRA y comenzamos a analizar la documentación. También organizamos siete talleres de promoción de estas actividades. Antes de fin de año, me dijeron que desde el 1 de enero no vaya a trabajar, sin explicación alguna. Pude entrar y el gerente de recursos humanos admitió que mi trabajo fue satisfactorio, pero que los despidos no tenían que ver con eso”.

La Subgerencia de DD.HH. terminó (pero no llegó a publicar) un extenso informe sobre el rol del BCRA durante la dictadura. Pero esto también está demás, no sólo no es necesario ni constructivo para el Gobierno sino que entorpece la fluidez del futuro. En el BCRA son ocho despedidos y hay entre 40 y 50 a quienes su contrato de prueba se les vence en las próximas semanas.

Del Ministerio de la Producción fueron despedidas 25 personas, en su mayoría de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa (Sepyme) y del Ministerio de Trabajo fue cesanteada una centena de empleados.

El votante de Macri aplaude estas medidas. El propio Gobierno lo exhibe como un logro. La prensa concentrada lo edulcora con bríos de poder ejecutivo. Y entonces podemos llegar a escuchar en un taxi o en un bar que “si el Estado sigue funcionando es porque estos ñoquis estaban demás”.

La más cruda entrega del Estado a las corporaciones en la historia argentina recién comienza y el Gobierno seguirá diciendo que continúa cumpliendo con sus promesas de campaña, incluso con aquella puesta en boca de Vidal “no vas a perder nada de lo que ya tenés”. El asunto es que el Gobierno no le prometió al país sino sólo a un sector. Quién se haya sentido aludido y hoy empieza a defraudarse que se haga cargo por haberse invitado solo a un festín ajeno.

DESPIDOS EN INFOJUS
500 DESPIDOS EN EL MINISTERIO DE JUSTICIA

3 comentarios:

  1. la perdida total de los logros alcanzados por el pueblo. entrega de los recursos a las corporaciones, los trabajadores ya no son tal cosa. Còmo puede alguien seguir defendiendo al neoliberalismo en asenso del Macri?

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  2. la perdida total de los logros alcanzados por el pueblo. entrega de los recursos a las corporaciones, los trabajadores ya no son tal cosa. Còmo puede alguien seguir defendiendo al neoliberalismo en asenso del Macri?

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  3. Hay un porcentaje que lo defiende de convicción y corazón. Hay otro porcentje, casi igual, que repite como loro.

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