domingo, 3 de enero de 2016

La Banca al poder.


Eliminación del control de capitales, liberalización de las tasas de interés e invitación a inversores extranjeros a especular con títulos emitidos por el Banco Central. Más negocios para los banqueros.

Sin decretos simples o de necesidad y urgencia, con resoluciones y comunicaciones a entidades financieras, el Banco Central ha empezado a desmontar el régimen de regulación del sistema bancario construido en los últimos cuatro años, en una valiosa experiencia de la heterodoxia para controlar a las fieras de las finanzas. Además del megacanje II, el Banco Central conducido por Federico Sturzenegger, presidente en comisión hasta que el Congreso apruebe su designación, avanzó en una serie de medidas de liberalización del mercado del agrado de los banqueros. El sistema financiero no fue castigado por los gobiernos kirchneristas pese a los controles de esos años. Por el contrario fue uno de los sectores que más utilidades contabilizó durante ese ciclo político. A partir de ahora, con el gobierno de Mauricio Macri, los bancos ganarán todavía más.

Sturzenegger desarticuló regulaciones que habían limitado el accionar perturbador de la estabilidad económica de capitales financieros especulativos, y de abuso a ahorristas y empresas por parte de los bancos. Una de las primeras medidas fue eliminar el encaje del 30 por ciento sobre el ingreso de divisas del exterior, que obligaba a los inversores extranjeros a congelar por un año dicha proporción de los fondos ingresados, como forma de desalentar la volatilidad de los capitales especulativos. Después, para convocar con más énfasis el desembarco en la plaza local de esos capitales, anuló la restricción que tenían para comprar Letras y Notas del Banco Central (Lebac y Nobac). De esa forma habilitó la bicicleta financiera que bien conocen esos fondos especulativos en mercados emergentes: ingresar dólares, canjearlos por la moneda doméstica, colocar esos fondos a elevadas tasas de interés, para luego de un determinado plazo recomprar más dólares, dado que el tipo de cambio se mantuvo estable o retrocedió por esa afluencia de capitales.

En esa misma estrategia de facilitar la bicicleta financiera, el Banco Central liberó a las entidades de la obligación de mantener en cartera por tres días hábiles los bonos operados en dólares antes de poder venderlos. Era una regulación para incrementar el riesgo de la operación conocida como “contado con liquidación”. De esa manera se buscaba desalentar la fuga de capitales por esa vía. La apuesta oficial con esta medida como la anterior mencionada con las Lebac y Nobac es que ingresen en el corto plazo dólares especulativos que permitan incrementar las reservas internacionales a cambio de obtener por esos fondos una importante ganancia con la tasa de interés.

Para favorecer el aumento de la oferta de dólares de las exportadoras de cereales, el Banco Central también relanzó las Lebac en pesos ajustables por el tipo de cambio de referencia. O sea, las firmas que estuvieron reteniendo los dólares para forzar una fuerte devaluación, luego de conseguirla con la consiguiente ganancia extraordinaria, el Banco Central las premió con un seguro de cambio. Las exportadoras de cereales que están liquidando por anticipos o prefinanciaciones de ventas al exterior tienen abierta la posibilidad de comprar estos títulos, a la vez que el Central facilitó su negociación al otorgarles mayor liquidez eliminando límites a su transferencia secundaria y acortando el plazo a partir del cual pueden venderse al BCRA.

Sturzenegger también dio respuesta a un insistente reclamo de los banqueros. Las entidades estaban obligadas a pagar una tasa mínima a los ahorristas por sus colocaciones a plazo, a la vez que tenían tope para cobrar a empresas y por préstamos personales. Sturzenegger eliminó esos límites a las tasas de interés activas y pasivas. Desde el 17 de diciembre las operaciones se pactan a las tasas libremente convenidas entre las entidades financieras y sus clientes. Así el spreads (brecha entre ambas tasas) se amplió, con una suba proporcionalmente mayor para las tasas de préstamos (más del 50 por ciento anual en financiamiento del saldo de tarjetas) que para las tasas pagadas a ahorristas (28 al 30 por ciento anual).

Después de las gestiones de Mercedes Marcó del Pont y Alejandro Vanoli, que despertaron la resistencia de economistas de la ortodoxia y de banqueros, la restauración conservadora ha regresado al Banco Central. El poder financiero ya puede estar aliviado: el territorio para sus negocios volvió a su control.

Alfredo Zaiat, Página 12, 3 de enero de 2016.

No hay comentarios:

Publicar un comentario